dimarts, 22 d’agost de 2017

PUES ADIÓS (2.0 -23-08-2017)

 ¿Cómo me presentaría ante la gente que me ha venido leyendo a lo largo de estos años si no me pronunciara sobre lo que pasó el jueves pasado en mi ciudad?
Está claro que amo Barcelona. Sin que ello excluya otras ciudades, llevo toda la vida aquí y aunque sea un sitio caro y a veces desagradecido y a veces me sienta un extraño en muchos de sus rincones, aún soy de esas personas tan primarias que piensa que un origen geográfico  puede ser un primer nexo para sentirse familiar con la gente. 
Lo del jueves era algo que tarde o temprano iba a producirse. Por situación, por celebridad, por vulnerabilidad, por mero azar o promedio estadístico, con importantes ciudades europeas atacadas, la mí era una ciudad que, puede que pronto salgan cosas a la luz, había ido esquivando situaciones potencialmente peligrosas, con tanta gente en calles y en lugares emblemáticos a los que es estúpido blindar. Quien quiera atacar y lograr un impacto en Barcelona tiene donde elegir. No es una afirmación frívola, es una circunstancia que nos acompaña.
Por encima de cifras, de especulaciones, de motivos y de debates sobre la conveniencia de tal o cual control y tal o cual medida, hay una cuestión que ha llamado más mi atención, habida cuenta de que truculencia de imágenes, historias personales, cronología de los hechos, condiciones de víctimas y atacantes son aderezos comunes que no nos distinguen de lo sucedido en París o en Londres o en Niza, y de que he tenido cierta desagradable sensación al pasar por la zona, pocos días después, de que hemos corrido demasiado a delimitar nuestra Zona Cero. Y ha sido el espectacular decantamiento de los medios de comunicación hacia interpretaciones tendenciosas. A una velocidad récord todo lo relativo al ataque y a la transmisión de la información sobre él ha sido empujado hacia el territorio ideológico más conveniente a cada medio y pronto se ha faltado al respeto a las víctimas, se las ha relegado a un segundo plano.
El gobierno español ha actuado tarde y cuando lo ha hecho ha usado su derecho de conquista y su status administrativo para situarse de forma ridícula en un primer plano. Pero han sido como ese abuelo ausente al que se sienta en un lugar preferente en la mesa mientras apenas se le deja intervenir en las conversaciones. Los líderes estatales parecen muñecos que irrumpen en una escena en la que ya no tienen misiones principales, son como el secundario que grita demasiado o se para sin ningún sentido ante la cámara. Por supuesto se han apresurado a reivindicar, ellos y sus medios títeres, la importancia de la unión y el tamaño (su unión, su tamaño), y han tardado apenas unos minutos en menospreciar, por muchos canales, la capacidad de Catalunya de afrontar una situación así por sus propios medios. Así hemos sido recriminados por que nuestros gobernantes se hayan expresado en nuestro idioma y hemos sido recriminados porque nuestros mandos policiales hayan copado la primera línea de las investigaciones y hemos sido recriminados porque, en una reacción lógica de continuación con la normalidad, la convocatoria del referéndum del día 1 de octubre no haya sido afectada en lo más mínimo. Parece que pensaban que todo era una broma que llevábamos adelante esperando que pasara algo grave para aparcarla en un rincón. La terminología que empleaban para definir lo que es un proyecto serio de constituir un nuevo estado europeo según nuestra voluntad e idiosincrasia era de lo más aviesa, combinando conceptos que se desplazaban desde lo grotesco hasta lo ilusorio. El proceso que debe acabar con la autodeterminación e independencia de una República ha merecido algunas de las siguientes definiciones o calificativos: veleidades, aventura, delirio, desafío, ínfulas, fantasías, sueño, devaneo, virtual, adánica, pretensiones, provocación, y algunos que me dejo y que añadiré a medida que me vengan a la cabeza.
Por cierto: muchos de estos términos evocan situaciones de riesgo e incerteza idóneos para los fines nacionalistas españoles de infundir miedo. Si entendieran un poquitín sabrían que todo ello para nosotros representa más bien un acicate.
El estado español con su esperpéntico presidente, ministros y familia real al frente ha demostrado no tener ni idea de cómo funcionamos los catalanes como sociedad. Y nos han hecho un regalo adicional: el máximo mando de los Mossos D'Esquadra, policía propia, se ha visto de la noche a la mañana convertido en una de esas especies de héroes locales (gracias a un potente carisma y una capacidad de comunicar envidiable, presentándose como el policía amable y paciente que en el fondo está esperando dejar de atender a los medios para regresar a su investigación) que hasta se ha permitido el lujo involuntario de acuñar una expresión propia que ha hecho estragos en las redes.

9 comentaris:

  1. Querido Francesc: leo con inquietud la entrada de tu blog pletórica de comentarios sectarios y fuera de la realidad: esa realidad virtual, adánica y manipulada propia de la ceguera del nacionalismo más fanático y de sus medios acólitos, naturalmente; te ampara, al cabo, la libertad de expresión, pero es la misma que me protege a mí para tildarlos de infames, parafraseando precisamente tu anterior entrada. Nadie va a cuestionar la labor de los Mossos, pero no ver alguna que otra deficiencia en la investigación y, desde luego, no reconocer la labor de la Guardia Urbana y de los restantes cuerpos de seguridad del Estado, es lisa y llanamente impresentable o, con más propiedad, fruto de la ablepsia y demás extravíos de los sentidos damnificados por la adulteración nacionalista. Y no digamos ya preterirlos en el suministro de la información recabada que bien podría ser útiles para el resto de españoles con el fin de salvar muchas vidas. Más pornográfico aún me resulta el uso que de un cobarde atentado fruto del horror sin lógica alguna del terrorismo se ha hecho por los responsables políticos regionales, hecho del que se han percatado hasta en Irlanda, donde paso las vacaciones, sin que yo haya tenido que decir esta boca es mía. Me sorprende, por su parte, que critiques la presencia del gobierno nacional y de SM el Rey en Cataluña, paralelo a las burdas y malsanas maniobras políticas para restarles visibilidad en la próxima manifestación. No quiero ni pensar qué hubiera ocurrido si las altas instituciones estatales no se hubieran desplazado a Cataluña para mostrar su solidaridad con los catalanes, en general, y con los barceloneses, particularmente. Pero ya se sabe que todo vale en esta dinámica tan fantasiosa y resentida como ilegal del procès hacia ninguna parte; incluso faltar al respeto al Gobierno nacional y a la más alta representación institucional del Estado, insultando, de paso, como si nos diéramos cuenta de lo que ocurre, la inteligencia de los españoles de bien -incluidos, por supuesto, la mayoría de los catalanes -, que ven (vemos) con preocupación cómo se ha dividido a la sociedad catalana por muchos lustros, si no de manera irreparable, en pro de una supuesta república independiente que, bajo la batuta perroflautista de la CUP, adquiría tintes bolivarianos en el mejor de los casos, o norcoreanos en la hipótesis más probable. Cuba, Venezuela y Corea del Norte son, sin duda, buenos referentes en el respeto a los derechos humanos a la hora de entablar relaciones diplomáticas. La estulticia y la intransigencia carecen de fronteras (a las pruebas de la manipulación del atentado y a tu propio blog me remito…); ¿para qué, entonces, levantar más muros? Recibe un afectuoso saludo.

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    1. Fernando, gracias por leerme y comentar.
      No te inquietes, esto no lo lee casi nadie. De todas maneras, he de agradecerte que me hayas facilitado dos nuevos términos para mi recién estrenada relación de calificativos y términos. También he de agradecerte que me hayas hecho acudir a mi diccionario para consultar los términos ablepsia y preterir, que no sé si se van a integrar de ahora en adelante en mi escaso vocabulario, pero que me van a servir para pegarme una fardada ante los amigos. Eso sí, ya sabía qué significaba "estulticia" y he de decirte que no veo muy coherente que te dirijas con tanta pompa para acabar rematando con un término muy cercano al insulto. La cosa es que, aunque se te veían las hechuras ideológicas, a varias millas de distancia, no ibas tan mal, escribiendo "Mossos" correctamente, aludiendo a la Guardia Urbana (hubiera sido digno de mención llamarla Guàrdia, pero eso ya es pedir demasiado), pero tus argumentos han empezado a visitar los lugares comunes de los peones del estado español cuando has dicho "políticos regionales", has puesto esa excesiva "SM" (me ahorro chiquilladas especulativas con las siglas) o, qué originalidad, has escrito ese neologismo de "perroflautista". En fin, acepto todas tus críticas y tus descalificaciones, si bien creo necesario aclararte que ese "Gobierno nacional" no me merece ningún respeto en cuanto, como mínimo, es un orquestador activo y agresivo para impedir que muchos semejantes y yo mismo haga algo tan inocuo como expresar una opinión en una urna. La "alta representación institucional" lo es de unas instituciones que coartan la libertad de expresión entre otras muchas y por supuesto no las reconozco ni me veo en la mínima obligación moral de obedecerlas. Parece ser que toda la consabida caterva andaba ávida de disponer de un pretexto como el atentado para desactivar un movimiento mayoritario y esto no les ha salido como les hubiera gustado. Puede que si ello hubiera dado por finalizado un proceso imparable alguno hubiera dado las quince muertes por útiles. Sí: lo digo así. En cualquier caso, el pueblo catalán no debe bajar la cabeza ante terroristas con chilaba ni ante terroristas con banda cruzada. Somos así de toca-cojones. Me ha salido casi una entrada en el comentario, y lamento no haber tenido el suficiente tino para darte un pretexto para usar otra mayúscula, por ejemplo, en la palabra Generalísimo. Otra vez será.

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    2. Querido Francesc: te había escrito una contestación/salida bastante larga e incluso con ciertas complejidades jurídicas -de difícil comrensión para personas con un mínimo de sentido común- rebatiendo punto por punto las afirmaciones -harto mezquinas- que realizas en tu comentario/entrada. Pero que sucede que el servidor -espero que no sea la censura del agitprop nacionalista, aunque tampoco lo descarto...- me limita el número de caracteres y, francamente, no tengo ganas de ponerme a resumir por considerarlo una pérdida de tiempo que no mereces. En cualquier caso, si realmente deseas ganar adeptos de cierta -básica, no más: sería mucho pedir- inteligencia hacia el procès (no te perdono que no hayas alabado mi perfecto catalán en este punto), debes revisar algunas de tus consideraciones, particularmente la muy "ruiz" de los "muertos útiles" (caray, me da no sé qué solo con escribirlo), la sobeteada mención al Generalísimo (jod..., no sé si me resulta mas repugnante Franco o la falta de originalidad y cacumen) y la referida a tu muy singular versión del "cantando bajo la lluvia" (léase, ducha) en la que, con deplorable letra y peor música, entonas todo tipo de infortunios a los votantes del PP por el mero hecho de serlo, en tanto te enjabonas los (toca)cojones. La buena noticia es que los (perro)flautistas de Hamelín también os aligeráis los alerones, hecho sobre el que albergaba algunas dudas que, afortunadamente y gracias a ti, se han disipado. Pero, descuida, aunque toda esta dinámica tiene muchas concomitancias con la fábula, dejaré para mejor ocasión la mención a los encantadores y simplones roedores que caminan acríticamente detrás del iluminado de turno hasta el precipicio -ilegal, no lo olvides- independentista. Y es que una cosa es la legítima discrepancia política o ideológica y otra muy diferente entrar en cuestiones personales, aserto que connota el rencor y la intransigencia asamblearia por la que transita todo la descabellada cuestión independientista concomitante con el lado oscuro -ilegal, delictivo- de la fuerza. Por lo demás, está claro que me equivoqué con la suscripción a tu blog. Lo hice al socaire del enlace que aparecía en mi suscripción de "un libro al día" esperando a recibir correos con reseñas literarias y, ayer, al abrir el mail, me encontré con un escupitajo en el ojo izquierdo. No te aventuro buen futuro como comentarista político por falta de agudeza, ingenio o industria (que dirían en la muy española comedia áurea, y que dios y los representantes de la república independiente de tu casa me perdonen...); espero que se te den mejor los libros si queremos hacer de ti un hombrecito de provecho. Lo otro, es decir, los conspiranóicos y vesánicos de la república chiripitifláutica (si la prefieres a la más manida de perrofláutica) de tu casa, solo ha provocado cuitas entre amigos, familiares y compañeros de trabajo (lo he vivido personalmente) y que, además, carece otro futuro que no sea la frustración, toda vez que ni habrá referéndum ni mucho menos la independencia campestre que abogáis en contra de la legalidad nacional -incluido el Estatut- e internacional -porque, oh, sorpresa, también este ámbito supranacional se rige por sus normas de obligado cumplimiento que pretendéis atropellar. Para terminar, te recomiendo que leas a Joyce (acabo de finalizar la relectura de "Ulises"), no solo para que abras la mente a otras culturas y salgas de la caverna, sino para que te adentres en su ideario político refractario a los nacionalismos de campanario. Falta te (os) hace. Así que bueno, pues molt bé, pues adiós.

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  2. Hola. Recien tendré ordenador la próxima semana. Eso me dará tiempo para comentar el post. Y mientras las diferencias van desapareciendo, mi solidaridad y mi apoyo incondicional codo a codo frente a la oscuridad que baja de la meseta.

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  3. Por favor, cuando digo que "no lo mereces", debes entenderlo referido a "tu causa independentista". Para mí esto no es una cuestión personal, nunca lo ha sido, sino de respeto a la ley; incluso el intercambio de pareceres, aunque a veces resulte abrupto o sobreactuado, me divierte algo, tampoco excesivamente en la medida en que me resta tiempo de lectura. Espero, no obstante, que la cuestión "libresca" tengamos más puntos de encuentro. Saludos cordiales.

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    1. Fernando: me desorienta esta actitud errática de dirigirte de una forma tan rígida para pasar al insulto sutil, trufar tus frases de esa prosa de aspecto leguleyo como si pretendieras intimidar, luego mencionar UnLibroAlDía, proyecto que nada tiene que ver con esto que es un blog personal (pero que, como miembro - aunque ahora sea también coordinador - permitimos que cada uno vincule páginas personales en su perfil), y acabar, en este último comentario amagando una suerte de disculpa. Agradecería que mitigues un poco esa inquietud o ansiedad y sepas situar en su justo lugar lo que es la expresión de sensaciones personales sin la mínima intención de generar adeptos ni de erigirme en clase alguna de comentarista político, que para eso ya hay y de tan distintos pelajes que es absurdo enumerarlos. Tu insistencia en la ilegalidad me resulta curiosamente curiosa. Como si eludirla no haya sido cuestión clave en muchos avances, como si las leyes fueran perfectas y definitivas, como si esa Constitución del 78 fuera una Sharia, como...
      (perdón, salí a abrir, era un tal Godwin, le dije que no le necesitamos aquí).
      Y tampoco entiendo esa insistencia en que leer o viajar "cura" de ciertas cosas. ¿De qué curó a una alimaña como Fraga leer tanto? La verdad, tengo demasiado respeto por la literatura (o por la música) para hacerlas descender a la condición de "remedios" para lo que sea.
      Respecto a las lecturas, como en el blog nos condiciona el material no reseñado, me temo que mis pocas opciones con Joyce se limitan a Finnegan's wake, cosa que tras haber leído recientemente a Pynchon no tengo más remedio que relegar sine die.
      En todo caso, gracias por leer y comentar.

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    1. Estoy con Nabokov, y lo sigo al pie de la letra (valga la expresión muy traída al caso), cuando afirmaba que el buen lector es el relector o, dicho sea con otras palabras: el lector activo y creador que "participa" de la obra, sobre todo en la literatura moderna, en la que el narrador no es fiable y las elipsis son más elocuentes que el propio texto. Con todo, mi experiencia con "Ulises" ha sido como un coitus interruptus: son muchas las ocasiones en que he intentado leerlo y otras tantas en la que he tenido que dar marcha atrás, pues no es un libro episódico, como puede ser D.Q. (que releo -y relamo- cada lustro, por cierto), sino que conviene leerlo del tirón; de lo contrario se pierden las referencias de los sucesos anteriores de los monólogos interiores de los protagonistas (en esta ocasión le he dedicado de 4 a 6 horas diarias y, sobre todo, he aprovechado que estaba en la tierra de Joyce; incluso, he hecho algún itinerario que realiza el propio Bloom por Dublín). La anterior lectura completa data de 2005 (ya ha llovido y, particularmente, en este lapso he cogido mucha experiencia como lector que, sin ser experto, sí lo soy iniciado, digamos, o como diría F.Bon acertadamente distingo la mierda por encima de la media), según he comprobado con los pequeños documentos o recortes que hay dentro del libro y, entre ellos, una entrada de teatro para una obra en la que se representaba el monólogo de Molly (es una costumbre -fetichismo, si lo preferís- que adquirí hace tiempo para contextualizar las lecturas y comprobar mi evolución como lector en función de las distintas interpretaciones de una misma obra). Conviene, no obstante, en cada lectura fijarse en uno o pocos aspectos concretos; en esta relectura, me he prestado más atención a los aspectos económicos y religiosos de la obra; en la anterior lectura completa, me centré en las cuestiones sexuales, pero, caray, mi propósito fue demasiado ambicioso; hay otra lectura en clave nacionalista -la irlandesa, claro- muy interesante. Con todo, no seré yo el que santifique a los clásicos por el solo hecho de serlo: "Ulises" hay que leerlo, sin duda, al resultar una experiencia fascinante, pero hay pasajes que resultan tediosos (espero que los "puristas" no me crucifiquen...) . Ya tendré mejor ocasión de responder a F.B. en otro comentario su último ídem para no juntar las chuchas con las merinas, en el que solo subrayaré por qué considero importante respetar la ley. Iba a hacerlo en el tránsito -bastante accidentado, por cierto- de vuelta a España, pero quedé subyugado -quizá también "poseído", como la niña del Exorcista- por la poesía de Seamus Heaney. Aprovecho este apartado para hacerle un apunte -que seguro que conoce- sobre "Finnegans Wake": es el corolario perfecto -y le daría mucho glamour a la web- de la trilogía que comenzó con el "Retrato" y que sigue con "Ulises". El "Retrato" termina con una frase un tanto enigmática del protagonista: "Salgo a buscar por millonésima vez la realidad de la experiencia y a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza". "Ulises" ficcionaliza la búsqueda de la realidad y también la configuración del mito de la raza. Hay, pues, una gran coherencia en la obra de Joyce: un hallazgo sigue a otro, un experimento a otro, e incluso los mismos personajes maduran en secuencia de sus novelas. Siendo esto así, habiendo quedado dormidos los protagonistas que pululan en "Ulises" y en franca ruina la lengua, el amigo James vuelve sobre los personajes de la noche y el vampirismo de las palabras. Eso es F.W. Por tanto, ánimo. Aprovecho -lo cortés no quita lo valiente- para felicitar a F.B. (supongo que es de él) por la reseña de Pynchon: aguda, ingeniosa, amena y fresca (claro, es del día...) y, en general, por una iniciativa difusora de la literatura que hacéis desde ULAD. Saludos.

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    2. Gracias, Fernando, veo que vamos destensándonos y centrándonos en las cuestiones comunes: en el idioma que sea y como sea hay que hacer que la gente lea. Nos hace mejores. Y otro día ya discutimos de los diversos conceptos que tenemos de ser "mejores". Sobre Pynchon, gracias. Cuando acabe Mason y Dixon (que forzosamente será tras empezarlo, cosa que aún no he hecho), y si me quedan fuerzas, te digo. Mientras tanto, estoy en una zona segura últimamente: Kapuscinski, una relectura de un Asimov de mi adolescencia, y haciéndole sitio a dos enormes cuestas arriba: Jota Erre de Gaddis y La Familia Real de Vollmann.

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