divendres, 22 de febrer de 2013

METODO 4

Que pierdan el tiempo otros espiando políticos. Yo desvelo el mejor de los secretos gratis. He estado en Cercles, hace un ratito. Al que no recuerde lo que es Cercles, que pinche aquí. Sí: sé, vease ayer, lo que es la crueldad. O me he hecho una idea, así que sé que los que no son de Barcelona van a maldecir mis huesos. Pero es que lo que tiene Gustau allí es mucho más de lo que un aficionado a la literatura puede concebir. Sobre todo ahora. Cercles, Bailén 201. Miradle a los ojos y desvelad de alguna manera que sabéis lo del secreto. Mostraos interesados o nerviosos, positivamente, y soltad alguno de los nombres que os interesa u os podría interesar. Podéis decir mi nombre si queréis. Igual eso os franquea el acceso a los tesoros. Joder, estoy casi temblando.

dimecres, 20 de febrer de 2013

José Ovejero: LA ETICA DE LA CRUELDAD

Vamos. Esta cabeza mía parecía tener ya solo espacio para ficción y más ficción. Pero ayer hablaba de realidades distorsionadas, del affaire de las escuchas en La Camarga, de todo ese entorno real que nos acaba pareciendo un espejismo, y voy y devoro, por motivos dispares, dos artefactos que confluyen de la misma manera en un tema: la crueldad.
Black Mirror: segunda temporada en plena emisión y dos capítulos absolutamente fascinantes. El primero, que Horacio ha sido tan rápido en visionar que me ha hecho sentir hasta un poquitín mal, fascinante refrito de los aspectos más enfermizos de las películas de inteligencia artificial y replicantes, y el segundo, titulado White bear, recreación acertadísima de otras decenas de referencias en las que incluiría películas como El día de la marmota y A clockwork orange y que, al menos coincidiréis en que es un mérito que en 42 minutos se sea capaz de apelar a cosas tan diametralmente opuestas.
Y este libro, ávidamente recomendado hace unos meses por Deborahlibros, y que finalmente ha caído en mis manos después de una absurda espera administrativa. Ensayos de 200 páginas que se leen de un tirón: a ver cuantos sois capaces de decirme. Ensayos que concluyen con un estudio detallado de siete libros donde el componente de la crueldad tiene un papel protagonista, y, con excepción del que ya has leído (Meridiano de sangre, de McCarthy: extenuante y necesario como una mañana de verano en la playa) pienses que no puedes seguir viviendo sin leer los otros seis. Joder con José Ovejero y su capacidad para hipnotizar con sus argumentos cultos pero asequibles, amables pero contundentes. Lo siento: diez minutos para el partido. Hago más de lo que puedo.

dimarts, 19 de febrer de 2013

LA ANTIGUA YUGOSLAVIA

Fronteras?

Ya he acabado de reírme.

Pero qué pretendemos, si no somos capaces de separar realidad de ficción. Pero que nadie se piense que esto de las escuchas convierte a nadie en McNulty ni en James Bond. Si no llegamos a Austin Powers. En un mundo multinacional (lo peor; comercialmente multinacional, financieramente multinacional) ni siquiera somos capaces de delimitar lo que separa realidad de ficción. Primero, que un restaurante se preste o colabore o no tenga la suficiente capacidad para que sus salones privados (y por tanto caros) lo sean de verdad. Segundo, que los propios políticos espiadores no sean conscientes de que un día pueden ser espiados. Esto me recuerda esa curiosa ética del tipo al que encargan dar una paliza a otro: el otro le ofrecerá dinero para no ser apalizado; más que el que dio la orden, pero recibirá lo suyo. Pues el matón no puede quedarse metido en una espiral de contraofertas. No te libras, chico.
Todos los partidos políticos y muchas empresas y muchos organismos oficiales. Si el ciudadano de a pie albergaba alguna duda descabellada de que alguien del sistema político mantenía su túnica blanca de pureza, esto la tiene que haber hecho estallar a pedazos. El sistema corrupto y putrefacto se ha mantenido mientras había pastel para unos cuantos y buenas migas para muchos. La pérdida de nivel lo ha precipitado todo hacia el fondo con una cruel lógica matemática. Si restamos 1 de promedio a una serie de cantidades esa resta afectará de forma distinta a 7000 que a 2. Pues eso es lo que pasa: el nivel más bajo empieza a rebelarse y los detectives han dicho que el dinero por su silencio no dura lo suficiente. Me pongo endogámico: detectives que me recuerdan a mi comisario, estupefacto y cariacontecido ante el final de los tiempos dorados, sólo pide que el equipo que gana se deje marcar un gol para ver qué es capaz de sacar en el tiempo de la prórroga. Disponer de 30 minutos adicionales en los que sabe que la táctica ha de cambiar, en que todo el esfuerzo ha de ser encaminado a un único fin. 

dilluns, 18 de febrer de 2013

John Williams: STONER - EL ANCHO DE VIA EUROPEO

Dos veces, dos, se permite William Stoner separar su destino de la rectitud pulcra y trazada de antemano que le marca tanto la sociedad como la educación religiosa, abnegada y resignada que ha recibido.

1. Cuando se decide a estudiar literatura en vez de agricultura, con lo que destierra la posibilidad de continuar con la granja de sus padres, que le han enviado a la Universidad con esa exclusiva finalidad.

2. Cuando, una vez se ha convertido en un profesor, mantiene una prolongada aventura con una de sus alumnas, aventura consentida como adultos, tolerada por su esposa y llena de pasión a la que renuncia por presiones de terceros, en un acto de altruismo.

Esos son los dos actos fundamentales de rebeldía que son la pimienta en su vida, una vida entregada a hacer lo que se espera de él bajo las convenciones sociales. No es que esté mal o bien. No se atreve a ponerlo en duda y apenas piensa en ello antes de hacerlo. Mejor: posiblemente esa férrea educación católica le impediría hacerlo si se prestara a recapacitar sobre ello. Así que, en sus 70 años de existencia, Stoner sólo sucumbirá a dos pasiones, la literatura y la líbido, dejando que todas las demás decisiones de su vida, todas, se vayan produciendo, casi, por decantación.

Jode que libros como Stoner hagan disfrutar de la manera que lo hace con una historia tan triste y frustrante. Jode que a Stoner, el protagonista, las circunstancias lo acaben reduciendo a un mero esbozo de lo que podría ser y jode pensar en cuantos millones de personas en este planeta se convierten en William Stoner porque el planeta en que vivimos esté organizado según las reglas más alejadas del sentido de la justicia y la humanidad. Jode que el comunismo sea una utopía estropeada por la corrupción. Vaya, esta última frase ha salido tan fácilmente, que me pregunto que clase de mensaje subliminal debe haber insertado John Williams (escritor que no tiene nada que ver con el compositor de tortillas sonoras para Star Wars) para que yo llegue a esta conclusión. 

Aunque supongo que se me pasará unos días, este es otro de esos libros sutilmente cabronazos (que parece un oxímoron pero no lo es), al que, seguro, la realidad que nos rodea va a dejar pequeño. Metido en un mundo convulso en el que el único que no falla es Messi marcando cada semana, empotrado por exigencias legales en un estado donde escándalo tras escándalo de corrupción no han conseguido, y creedme que a uno le dan ganas de tirarse al precipicio cuando lo recuerda, ni una sola dimisión de nadie con un nivel notable de poder. Un estado de sobres de dinero negro, de micrófonos ocultos en jarrones, de espionajes recíprocos pagados con impuestos, de compras de material militar antes que inversión en educación de niveles básicos, de gente aborregada contemplando reality-shows, de profesionales que, arrinconados por los intereses bastardos, tienen que reciclarse en francotiradores.  Cómo un libro como Stoner hace que yo acabe hablando de ésto, llamadlo jodido misterio.

divendres, 15 de febrer de 2013

INSIDE MEN: Azul grisáceo

Las series inglesas. Cosa más cómoda, joder. Inside men dura cuatro capítulos de 52 minutitos. Total 208, 3 horas y media y otra serie al bote. Cincuenta minutos más que Django Unchained. Pero claro, los ingleses es a lo que se ciñen: nada de prolongar tramas, nada de cinco o seis temporadas; bueno, en muy pocos casos. Aunque quizás todo sea una trampa. Evitar recortes de metraje en una película de presupuesto ajustado y cortarla en rebanadas simétricas como un trozo de roastbeef. Con lo cual es más digerible, más programable, e, incluso, de haber defectos, más comprensibles. Aunque uno tenga cierta sensación de que podrían estarlo embaucando. Si fuera una película de tres horas y media no creo que llegara a las salas. Pero en esas dosis, resulta sumamente disfrutable. Compartiendo esa estética gris azulada o azul grisácea con otras producciones, como The Shadow Line o Hit and Miss, esta serie acapara la atención gracias a su soberbio montaje, repleto de flashbacks, al secular trabajo actoral de las series británicas (donde no se prima tanto que actores y actrices parezcan sacados de escuelas de modelos y la estética es deliberadamente feísta, lo más alejado posible de la niuyorquización o maiamización o la californiación) y, claro, a su trama.
La trama: pues la clásica historia de robo/atraco perfecto. Tan vista, tan requetetrillada, tan previsible. Pero un poderoso gancho que nos absorbe, aunque sea sacando lo peor de nosotros mismos. Ay si yo pillase ese dineral, ay si supiera que no me pillan, qué lejos me iría. Justo hace unos días, en que uno de esos comentarios que por culpa de Blogger (señores de Blogger: ¿tienen ustedes previsto un plazo de cuándo cojones van a ser visibles otra vez los últimos comentarios a través del gadget que dejó de funcionar?) no pueden verse, Horacio (o su alter ego Horoche: los auténticos Jeckyll y Hide del ciberespacio) especulaba si el sentido del delito lo marcaba el sentido del no-descubrimiento y por tanto el no-castigo. Pues bien: esas series no se puede decir que nos pongan a prueba. La prueba está superada: quién no va a largarse con millones de libras si ni siquiera parece que sea necesario hacerle demasiado daño a nadie. Los bancos que se jodan, las aseguradoras lo mismo.
Pero claro: siempre algo se tuerce.
Si uno ha devorado una insana cantidad de series o de películas, advertirá trazos de otras aquí: la torpeza del delincuente aficionado de  Fargo, el proceso de planificación de Ocean's Eleven... pero a mí, sobre todo, no deja de venirme a la cabeza, aparte de muchas series de la BBC con las cuales ésta podría acabar siendo una especie de segunda temporada no declarada, la influencia de Breaking Bad. Sí: detrás de los rincones está Walter White. Detrás del empleado de vida gris y rutinaria, detrás de las cajas de cartón de lo más de lo normal pero repletas de billetes (sobre las que el protagonista duerme una noche, una especie de experiencia dionisíaca), detrás de las reuniones en empresas de lo más respetable con fines de lo menos respetable. Ahí están las primeras muestras del calado de Breaking Bad en una especie de submundo de sustrato algo incómodo: la sensación global, occidental, de que esto es una guerra sin ejércitos ni campos de batalla (o al revés, que todos somos soldados y las ciudades son las trincheras). La sensación de que sólo la temeridad nos puede alejar del desastre al que se precipita el mundo, si no todo, el cachito que nos afecta.
Magnífica Inside men, sí. Pero Walter: no sé a qué esperas.

dimarts, 12 de febrer de 2013

CONSÍGUENOS UN POCO DE DINERO MÁS

El revuelo causado por el tema de la renuncia (dimisión?, jubilación?) del Papa me llena de estupor. Cuando creía que este mundo occidental vacío de valores y orientado al pecado lo era justo por dar la espalda a la espiritualidad y que, en consecuencia, los temas de la Iglesia (sigo usando mayúsculas, pero qué vamos a hacerle) nos traían sin cuidado, resulta que el tema se convierte en tema de portada en la prensa de todo el mundo. En especial en la del entorno más cercano. Claro que los grupos de comunicación pertenecen a lo más granado del poder económico y que ese poder económico suele estar (aunque sea por una extraña ley de compensación de favores) cercano a posiciones de lo más beatas. Así que no debería extrañarme: cada uno es bien dueño de poner en la portada del periódico que posee lo que más le plazca. El grupo Godó lleva décadas en que, cuando llega el torneo de tenis al que dan nombre, no dejan de ponerlo en primera plana de la sección de deportes, cuando el tenis es, en cualquier caso, el quinto o sexto deporte más popular. Pues llega el torneo Godó y se ponen muy pesados. Con lo cual queda claro que el Papa este de las narices (dicho sea por lo poco simpático que me cae el personaje y por el hartazgo que, menos de veinticuatro horas más tarde, ya penetra por mis poros) sale en la portada de LV y el mundo occidental, vacío de valores y orientado al pecado, se enfrenta a unas cuantas semanas en las que periodistas grisáceos (cómo, si no, son los periodistas que se especializan en cubrir temas religiosos?) van a tomar el poder y van a aburrirnos hasta la saciedad explicando, instruidos por sus poderosos jefes, por enésima vez, los años que hace que un Papa no renunciaba. Especulando sobre si ahora corresponde un mandatario de raza negra, uno de habla hispana, volver a los italianos. Durmiéndonos con explicaciones detalladísimas de todo lo que se hace para elegirlo. Hasta especificando que materiales concretos se usan para que el humo salga blanco. Fumata blanca: nos guste o no, la religión ha calado hondo hasta en el lenguaje, y de eso no creo que ya, por mucho que hagamos, el mundo occidental, vacío de valores y orientado al pecado, vaya a desembarazarse. Otra de las cosas que nos tiznan. Por no decir pringan.
Por mí, la iglesia podría disolverse (y repartir sus riquezas entre la sociedad que la ha acogido: toda) y desaparecer. La religión, esta del papa y cualquiera otra, es otra manera más que los poderosos tienen de atenazar a los que no lo son, de anular la propia iniciativa y de coartar el comportamiento. Así que, reconociendo que las grandes catedrales me impresionan como obras humanas que son, yo, con este mensaje del papa este alemán (cuyas fotos con insignias nazis van circulando de vez en cuando), con esta situación que no se producía en seis siglos, si fuera la iglesia, pensaría si no va siendo hora de dejarlo correr: miren, la gente folla antes de que ustedes consideren que debe hacerlo, y lo hace para fines diferentes de los que ustedes consideran que debe hacerlo. La gente blasfema y cae en vicios y miente y, obviamente, se mata. Lenta y dolorosamente o de una manera seca y tajante, como en las películas de Tarantino, pero sin sonrisas cómplices. La gente vive a sus espaldas ya hace mucho tiempo y, si hablamos de dinámicas de mercado, el islam (pienso exacto lo mismo del islam) les ha pasado la mano por la cara: en versatilidad, en dinamismo, en marketing, en todo. Quítense las sotanas y comprueben lo bien que sientan unos tejanos y una camiseta. Mírenle el culo a las señoritas que pasan por la calle. Disfruten de un buen whisky. Sí, sé que algunos de ustedes todo esto ya lo hacían. Pero desmonten el tinglado y ayuden con lo que el mundo necesita, que son hechos y no palabras.
Y por favor: todos esos escritores de pacotilla que andan redactando desbocadamente, desde que la noticia se ha sabido, libros sobre intrigas vaticanas, sobre profecías, sobre pergaminos amenazadores escritos en alemán o en latín o en sánscrito, libros con portadas de influencia gótica o barroca, sustitutos de esa nefasta primera oleada de novela histórica, que impide que escritores de verdad vendan sus historias de gente cercana: dejadlo correr, al menos, esta vez. Por Dios os lo pido.

dissabte, 9 de febrer de 2013

Rafael Alvarez: THE WIRE, TODA LA VERDAD - PLACER DEL MÁS GUARRO

Comer con lo dedos. Primeros tragos de cerveza fría. Que las maletas salgan las primeras en la banda del aeropuerto. Pies descalzos en agua limpia de la playa. Ropa limpia, seca y calentita cuando vienes de la calle hasta arriba de lluvia fría, violenta e inesperada. Tocarte la cara tras afeitarte y no notar una sola raspada. Un gol al Madrid, o mejor, uno tras otro. Que los niños se acaben todo el plato y digan que qué bueno estaba todo. Comer como un general por cuatro duros. Pasta al dente. Gente puntual. Reuniones que acaban cuando toca. Libros con capítulos bien distribuidos. Comentarios elogiosos en el blog, Estadísticas que se elevan en una erección sin límites. Rajoy colgando de un árbol, boca abajo. La CUP, primera fuerza política. Ver un día a todo el universo blogger privado alrededor de una mesa, y que todos tengamos exactamente el aspecto agradable y familiar que nos hemos ido imaginando. Discutir con un café y una copa que emborracha lo justo sobre los distintos matices de las cosa que nos gustan. Que Jamie XX publique muchas sesiones. Que la música esté al volumen justo en que puedes hacerle caso y sumirte en ella pero no te enajenas de su alrededor. Brisa de mar en medio de la montaña. Paisaje nevado, sol resplandeciente y ver nacer un riachuelo. Valles a mis pies, montañas a las que subir a pie y tan ricamente. Coches que trazan curvas con elegancia y precisión. Acostarse entre las 11 y media y las 12 y abrir algo los ojos como notando que ya te duermes. Que la funda protectora del sofá ajuste. Que los discos que has pensado escuchar estén a mano.Que el Emule funcione a toda leche. Librerías llenas de libros de autores fascinantes y que tengan música de fondo de Miles Davis conscientes de que es Miles Davis y no lamúsicaqueeljefenoshaceponerparaquelosclientescompren.
Aquí empezarían todos los detalles escabrosos del placer relacionado con el sexo que por pudor y porque a veces mis hijos me leen no voy a desvelar pero que aclaro que incluyen consentimiento adulto .........................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Que La Principal de los Libros me envíe amablemente un ejemplar de este libro y, sea, en el universo tendente al mínimo de los que nos enteramos bien de todo, uno de esos seres envidiados.

divendres, 8 de febrer de 2013

Roberto Bolaño: 2666 - NUMEROS DE LA SUERTE

Por ahí detrás anda: tan perdido como mi capacidad de enfoque
Ja: ¿y por qué nadie ha ido a relacionar 2666 con ese famoso número del diablo que albergan sus tres últimas cifras? A ver si voy a ser yo el primero que se presta a sugerir esa relación del título con lo demoníaco y con el oscuro mundo del averno. Ya tiene delito pues que sea esa la primera cosa que se me ocurre cuando voy a plantear este poco honesto post: heme aquí dispuesto a hablar de un libro que leí hace más de cuatro años. Ni me levantaré al estante a agarrarlo y hojearlo para ello. No, pues en unos días he decidido volver a leerlo en su integridad, porque en "el otro blog" haremos una semana dedicada a Chile y yo levantaré la mano y me pediré esta reseña pero ahí seré profesional y meteré esas 15 horas largas que son las que se requieren para fagocitar 1100 páginas de nada monada.
Pero aquí: vamos, a ver si alguien se entera y si ese timo descarado me sirve para recibir ni una crítica solapada, ya no digamos algo físico e intimidatorio que recrimine mi poca vergüenza y me haga sentir un escalofrío de terror al cruzar la calle.
Leí 2666 en 2007, aunque se había publicado en 2004 y lo había comprado en 2005, intentando leerlo en los veranos de 2005 y 2006, no lográndolo porque, simplemente, las edades de mis hijos entonces, 4 y 7, y 5 y 8, respectivamente impedían una tranquilidad suficiente y necesaria en las jornadas veraniegas de tumbona y piscina. En 2007 superé ese escollo y avancé al fin: leí por tercera vez La parte de los críticos y por segunda vez La parte de Amalfitano y, al fin, deglutí, en un rincón sombreado donde hacía incluso algo de fresco por la tarde, La parte de Fate, La parte de los crímenes y La parte de Archimboldi, Lo hice con cierta prisa, con cierta cautela inútil por preservar su integridad, pero es estúpido, mucho, pretender que un libro no se moje. Ese agua, esa agua, dudo del sexo del líquido elemento ahora, ves tú, está en sus hojas, y algunas están algo arrugadas y su lomo ajado y su tapa presenta un doblez debido, seguro, a mi torpeza. 
La premura: no lees igual 100 páginas finales de un libro de milipico que de uno de 300. Ahí ves el final y haces ese palpado de lo que quedó atrás y lo que va por delante y te agarras los machos y dices de aquí no me mueve un huracán, vengo de una gran guerra y no pienso hacer prisioneros.
Por eso, cuando crucé esa frontera me precipité por puentes y carreteras y tomé la capital. Conquisté el nido del águila y desde la cúspide vi el planeta extendido a mis pies como una sábana multicolor.
2666 dista de ser perfecto: obviamente muchos le encuentran una extensión excesiva y una especie de sensación precipitada. Normal: 2666  fue escrita por Roberto Bolaño con la sensación de echar el resto, con un reloj de arena al lado y con la lista de espera para encontrar un hígado compatible. Seguro que Bolaño escribió y escribió a toda máquina y llenó folios y folios, o documentos word o lo que coño hiciese, a los que seguramente apenas tuvo tiempo de darles un orden debido. Escribió cinco novelas con una relación entre ellas solamente algo más concreta que la relación que mantenían de una u otra manera todas sus obras hasta entonces. Les echó por encima una salsa unificadora que representaba un gancho poderosísimo: los crímenes de Ciudad Juárez, aquí llamada Santa Teresa. Nadie debe pensar que 2666 es un libro dedicado a desentrañar lo que hay detrás de los crímenes. Todo el que empiece su lectura convencido de que llegará a su resolución en una decena de últimas páginas de culminación de crescendo que se vaya olvidando. 2666, con todo lo que se ha borrado de mi memoria en esos cuatro años, pendiente de que en unas semanas lo redescubra, es una galería de horrores de diverso tamaño e importancia. Es metaliterario, policíaco, histórico y truculento tanto individualmente como en sus combinaciones. Es, aunque otros libros de Bolaño le pasaron por delante por lo asequible de su tamaño comparado, el libro que me hizo abandonar al polvo y a la intemperie montones de libros de management. Es el brote verde de la lectura que volvió a plantarse en un parterre de la terraza y, años después, es una plantita que sobrevive a los inviernos si no hace demasiado viento. Es tan insignificante como libro que tardé tres años en acabar con él pero tan importante como concepto que, sin abrirlo, ya iluminaba el estante donde reposaba paciente.
Si no lo entendéis, no puedo hacer nada más.

dimecres, 6 de febrer de 2013

Stevie Wonder: SONGS IN THE KEY OF LIFE

El que añore los 70 que se joda: yo aquí no me voy a poner a hablar de épocas añoradas porque básicamente eso lo que hace es joder el disfrute del presente. Nadie piensa en la cena cuando se está comiendo. Pero sí que había cosas diferentes entonces: los discos dobles. Antes de que se produjera el  proceso que pienso ir a la oficina de patentes y registrar como Proceso de Bastardización Musical (por cierto, aún espero a Pereira para que me aclare qué significa vaginización del fútbol). Pues en esos años sacar un LP doble era un desafío en muchos sentidos: hasta estético. Había que diseñar una carpeta que en el centro se prestaba hasta a algún exceso artístico, había que diseñar cuatro secuencias diferentes para las cuatro caras, había que acabar cediendo a que tamaña desmesura creativa escondía alguna argamasa unificadora; el CONCEPTO. Así, en mayúsculas. El artista no se conformaba con un par de caras en la que meter diez o doce canciones, o cuarenta o cincuenta minutos de música. No. Había que convertir eso en una especie de OBRA de gran alcance, pues ya no se trataba de meter una rodaja de vinilo en un sobre de cartón con algo de información sobre el disco y una foto en la portada.

Hago un inciso y explicó lo de la bastardización musical: la eclosión del MP3 no es más que una finalización lógica de un proceso: con el impagable pretexto de que, encima, es un formato intercambiable de forma gratuita con total impunidad, la reducción del consumo a un archivo MP3 metido en un mar de otros archivos dentro de un reproductor con una capacidad de almacenamiento inmensa es la conclusión y regreso al origen de estos pasos.

Canciones sueltas > se agrupan y se presentan como álbumes > se les otorga un carácter unitario y el álbum pasa a ser el concepto protagonista por encima de las canciones > se estabiliza el concepto del LP > llega el CD > aumenta la capacidad de almacenamiento de los 50 a los 80 min. > se mantiene el concepto del LP pero se alarga su contenido hasta el máximo posible > se pierde el criterio de calidad al incluir cualquier material grabado > llega el MP3 > se puede disfrutar de las piezas sueltas sin necesidad de las menos interesantes > se potencia el concepto de aleatoriedad y variedad gracias a la capacidad de los reproductores > desaparece el concepto LP/CD de obra unitaria en la que se introduce todo lo que da de sí el soporte.


Los LPs dobles, mientras la modalidad básica de audición doméstica de música es el disco de vinilo (la audición en otros entornos: vehículos o locales públicos genera otros formatos que no corresponden a este artículo) pasan a convertirse en pequeños acontecimientos. Primero, por lo aguerrido del artista al enfrentarse a ese desafio, segundo porque, para los aficionados al artista en concreto, suponen la alegría de ser gratificados tras la espera no por uno sino por dos discos.

Discos dobles que recuerdo con especial agrado: (teniendo en cuenta que voy a obviar tres subgéneros: los álbumes en vivo, pues es lógico que el traslado al vinilo de un concierto requiera un extra de soporte, los recopilatorios, pues carecen del concepto del artista unitario, y las ediciones con extras añadidos, pues siempre parten del concepto de un álbum inicial de tamaño individual)

El orden es errático en un modo extremo: de hecho recuerdo esos discos de manera preferente por su situación física en los estantes cuando el vinilo era el protagonista absoluto en mi casa.

Electric Light Orchestra : Out of the blue
The Clash : London Calling
Stevie Wonder : Songs in the key of life
Bruce Springsteen : The River
Prince and the Revolution : Sign'o'the times
A guy called Gerald : Black Secret Technology

Y por qué hablo ahora justo del de Wonder?. Bueno, puede que su voz cálida me la haya llegado a recordar alguna de las canciones de Frank Ocean. Y también la tostadura de los temas, repletos de piano Rhodes y de bajos punzantes, de detalles de producción ligeramente explicables pero que acaban convirtiéndose en esos ganchos que convierten en irresistible cierta música.
Aunque Wonder la cagó: jamás debería haberse prestado a grabar un pastel mega-azucarado como, por ejemplo, la banda sonora de La mujer de rojo. Si su condición de pianista invidente no suscitaba bastante el ser estigmatizado y cruelmente tomado a cachondeo ( a diferencia de, por ejemplo, Ray Charles) grabar semejante pastiche, y ser recordado fundamentalmente por ello, es una enorme injusticia. Ser recordado, en concreto, porque esa canción protagoniza una cruel escena en High fidelity de Nick Hornby, cuando un dependiente de tienda de discos particularmente radical echa a cajas destempladas de la tienda al pobre y atribulado padre que osa pedirle ese disco. Pero es mi deber impartir justicia: Wonder ya había grabado excelentes discos hasta ese momento. Pero este disco doble supuso una doble ruptura. Con la generación de intérpretes que compartía, pues una obra de esa envergadura representaba un desmarque en la cuantía de su ambición. Y con el género que había estado cultivando hasta entonces, pues Songs in the key of life ya no es un disco monopolizado por el soul de fórmula como hacían artistas como, por ejemplo, Marvin Gaye. En este disco hay de todo, de todo porque cabe en dos caras y de todo porque Wonder decide emplearlas en profundizar en géneros que le hubieran acarreado la espalda del público de incorporarse en un álbum convencional. No sólo soul: gospel, música de influencia africana, espirituales, jazz, pop. Todo ahí, y todo en condiciones magníficas de inspiración e interpretación. 
Habrá alguna ley que diga que no puedo ser tan entusiasta de algo como Radiohead y algo como este disco de Wonder. Habrá quien crea que esto es una salida del tono habitual de este blog, siempre metido en camisas de once varas de cuestiones intrincadas y minoritarias. Va, despotricad un rato y decid lo mucho que os he decepcionado, y las que os esperan. Pero después tomaros la molestia de oir algunas de sus canciones y reflexionar si es justo que este hombre sea recordado por sus espectaculares errores finales de carrera. Puede que consiga sus señas en Las Vegas, y se lo explique algún día.




dilluns, 4 de febrer de 2013

PROMESAS CUMPLIDAS

¿Qué pone en tu DNI?
DNI es la sigla del Documento Nacional de Identidad. No sé cómo se le llama en todos los países (88, curioso, los nazis usan 88 para decir Heil Hitler pues la H es la octava letra del abecedario) en que algún día he sido leído. Pero la cuestión es que esa preguntita la tenemos que aguantar muy a menudo los partidarios de que Catalunya se separe de España y tome el rumbo que sea, para recordarnos esa obligada cuestión burocrática. Así que sí, mi DNI pone España y ese es el estado al que van a parar mis impuestos. O sea: me ampara absolutamente el derecho a la queja. 
Un periódico de gran prestigio publica que los miembros principales del partido en el poder en el estado español llevan años, décadas, cobrando sobresueldos en dinero B (como el DNI, no sé cómo se le llama en todos los países (88, curioso, los nazis usan 88 para decir Heil Hitler pues la H es la octava letra del abecedario) en que algún día he sido leído, pero sé que se le llama también dinero negro; en todo caso es el generado de manera opaca a la actividad impositiva y suele tener procedencia o destino ilícito). Según parece, todo surge de una investigación policial de un caso de alta corrupción donde el ex-tesorero de este partido, una vez se ha descubierto que se apropió de dinero y el hombre no ha sido convenientemente refugiado bajo el manto protector de la obediencia debida, se ha decidido a sacar el ventilador de la porquería y a largar, o sea, a confesar, o sea, a difundir, todas las prácticas de dudosa calaña que vino ejerciendo durante el ejercicio de su cargo, y para las que, seguro, contaba con el beneplácito de esos dirigentes que, recuerdo, porque es que hay cosas que cuesta olvidarlas, son quienes actualmente detentan el poder amparados en una holgada mayoría absoluta.
Con lo cual se ha hecho público no sólo que grandes empresas han empleado el dinero en "garantizarse" ser convenientemente beneficiadas, sino que presidente actual y anteriores, ministros actuales y anteriores, y demás mandatarios han obtenido sobres mulliditos (no por el uso de papel con burbujas: por el acolchado, confortable y hogareño tacto de una pila bien rellenita de billetes), sino que en muchos casos ese dinero ha servido para pagar sus viajes, su ropa, sus compromisos, e incluso, en el caso de una ministra en activo, eventos tan necesarios para el buen discurrir de un país como la fiesta de comunión de su hija, incluyendo contratación de payasos (opino que los payasos al PP le deberían hacer un muy buen precio) y un gasto de confetti por valor de 4.680 euros. Lo del confetti ha sido muy comentado. No sé como se llamará al confetti en todos los países (....) pero es ese papelito de colorines y formas normalmente redondeadas que se tira volando por el aire en medio de una celebración. El confetti es baratito: papel reciclado. Se usa a lo grande, por ejemplo, en un cañón cuando celebras la Champions. Así que puede que en Madrid no recuerden mucho qué es. Se usa, por ejemplo, en las fiestas de niños. Y en las verbenas de Fin de Año y en Sant Joan en Barcelona.  Vuelves a casa con la ropa motejada con él, te lo sacudes como si quisieras dejar siempre una última mota que venga a recordar a los demás que vienes de una fiesta de pasártelo en grande: llevas confetti en la ropa o en el pelo o en la capucha de la chaqueta y le estás diciendo a la gente que igual en esa fiesta has bebido y disfrutado y puede que hasta hayas acabado follando lo tuyo. Eh. Pero el confetti de una ministra del PP en la comunión de una niña es algo que roza la divinidad. 4.680 euros de confetti: hagan el cambio a su moneda local, vayan a la tienda donde se compre el confetti y calculen los kilos. Unos 600, con la ocupación de volumen correspondiente: una furgoneta, o camioneta, o Van, o Pick Up, como coño se llame en todos los países (....) metan ese volumen de sacos enormes. Joder.

diumenge, 3 de febrer de 2013

ESTRATEGIAS EQUINAS

A pesar de mi enconada persistencia en no hacerlo de ninguna de las maneras, empiezo a percibir de una manera bastante nítida que o recurro a los temas a que prefería dar la espalda, o esto, que no es que sea exactamente un sueño dorado pero sí que es una especie de experimento que me aporta un extraño nivel de gratificación personal, languidece, se queda en un rincón como una rosa de Sant Jordi cuando llega el 1 de mayo.
Conclusión a que he llegado por la pasividad generalizada, en la que me incluyo, pues no deja de ser mi cabezonería en este sentido el considerar que soy el que conoce mejor que nadie lo que la gente quiere leer y estimar que básicamente son los libros y las películas y las series.
Resultado: cómo añoro aquel post con 70 comentarios con medio mundo enzarzado en distintas versiones (incluido el perdón) de inmolación de Eduardo Galeano. Aunque eso no pueda volver a pasar, casi estoy seguro: aunque reprodujésemos una por una todas las circunstancias.
Así que acepto cabizbajo que la política, incluso esa política local que no va a ningún sitio más que a la crispación, es un tema que no debo despreciar por prejuicios o preconcepciones absurdos.

Hecho y dicho esto, lógicamente acumulo un enorme retraso de temas. Pero si se me requiere una especie de lógica periodística, aquella estructura tan socorrida de la prensa de hacer tragar primero la sopa (la política) para acabar con los dulces (el deporte, el ocio), pues optaremos por eso.

Pero que sepáis que el plato de sopa va a ser enorme. Os diría que está en esa indeterminada temperatura que resulta desagradable para cualquier paladar: tibia para fría, de manera que a los que les reconforta caliente les repugna y a los (ya hay que ser raro) que les gusta fría. Y que el contenido sólido de la sopa no va a ser ese agradable cambio de texturas que hace mojar la ropa interior a los chef ultramodernos: se trata de desagradables tropezones que se atragantan y que estropean la ya dudosamente agradable experiencia del líquido templado.

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