dijous, 31 de maig de 2012

LA NOCHE MAS OSCURA

Acompaño a mi hija precipitadamente a encuadernar un trabajo para la escuela. Por el camino, la consabida retahíla que se espera de mí como padre: no hay que dejarlo todo para el último momento, Mònica; no te puedes fiar de que algo falle cuando no tienes tiempo de reaccionar, Mònica. Que sea la última vez, Mònica.
Existen, cosa que me tiene alucinado, locales en Barcelona que encuadernan y fotocopian y venden material de oficina, que abren las 24 horas. Toda la noche. O sea, los estudiantes olvidadizos y rezagados son un claro mercado. Son las diez de la noche y no estoy habituado a conducir a esas horas por la ciudad. Avenida Diagonal, pleno centro de Barcelona. Falta luz, noto. Antes, en esa zona, conducir o pasear de noche era pasar delante de un escaparate iluminado tras otro. Los comercios dejaban las luces de los escaparates encendidas para mostrar su género, aunque estuvieran cerrados. Ahora hay bastante oscuridad. Primero porque la inmobiliaria ha cortado el suministro de luz mientras espera volver a alquilar el local. Después porque, aunque hubiera luz, no van a iluminar un triste cartel de "Se alquila". O un deprimente local vacío. Que un día fue un ilusionante local vacío, cuando alguien instaló un negocio de lo que fuera y contó con personas ilusionadas que le comprarían ropa, o jarrones, o mesitas para el café. 
Las fachadas de los edificios, a la altura de la calle ya no nos iluminan tanto.
Mi ciudad está más fea y triste. Sé que suena superficial.

Nos dicen que lo hemos causado entre todos y yo digo que ni de coña, que han sido unos pocos. Vamos. 

NARANJA INTENSO TIRANDO A ROJO

Vosotros!

¿Os pensáis que los votos os otorgan carta blanca?. ¿Alguien os ha dicho que a continuación de recibir la confianza eso se convierte en hacer lo que os plazca?

Algunos tenemos cosas que deciros. Tenemos economistas, diseñadores, periodistas, músicos, escritores reales e impostados, actrices, tenemos tanta capacidad para hacer las cosas como vosotros, pero nuestros egos cabían en nuestras camisas: no nos hacía falta ser políticos.
Pero podemos hacer lo mismo, si nos lo proponemos. No nos vengáis con misterios. O hay dinero o no lo hay. O hay que pagar una cosa o no hay que pagarla. Todo se reduce a eso, en que empleéis los recursos que ponemos en vuestras manos honradamente. No queremos políticos trileros. O cómo le llamaríais a eso. Desaparece de la sanidad, aparece en Bankia. Desaparece de la educación, aparece en la cuenta de algún empresario corrupto. O no aparece en ningún lado. O en las islas Caimán. Queremos ver la puta bolita. Aunque no podremos llamar a la policía si vemos que hacíais trampas. Vaya. Ya empezamos a comprenderlo todo. Lo de la división de poderes. Ja. No somos mucho de slogans ni de frases, eso queda para las carísimas campañas publicitarias (tan caras que no queda otro remedio que rentabilizar). Pero podríamos decir algunas. Aunque nos tememos que vamos a tener que hacerlo a gritos.
Si algo nos afecta, opinamos sin esperar a que nos pregunten. Si no quieren oírnos (la mayoría de las veces simplemente porque no les conviene, pero también porque no les apetece), consigámoslo por los medios que sea. Pero no dejemos que nuestra opinión se pierda en la nada. Ese es su juego: tienen los canales de TV, el enchufe de la electricidad, el fabricante de la tinta. Lo tienen todo y no nos dejan nada.

dimecres, 30 de maig de 2012

EL CARIÑO VERDADERO

Habré mencionado alguna vez RockDeLux. Es esa revista cuya redacción está en Barcelona, y que compro fielmente hace décadas. Con periodistas del más diverso pelaje, de opiniones que a veces parecen incontestables, de la seguridad y firmeza que desprenden. Que, alguno de ellos, te hace sentir culpable por no ser fan acérrimo de Dylan o no ser capaz de recitar de memoria la discografía de Tom Waits. Aunque también está Kiko Amat, el malote de Kiko Amat, francotirador que lanza desde su web toda clase de diatribas, justo contra algunos de los mismos iconos que sus compañeros de revista defienden a capa y espada.

Leed, si no:


No soy el único que lee a Amat, aquí. Mr. Blue también lo lee, y puntualmente han coincidido, Amat y él, en sus lecturas (y como yo me inspiro y hago caso de esas recomendaciones, puede que la coincidencia a veces sea triple, conmigo en el tercer lugar de una graciosa cola).
El caso es que Kiko Amat se carga en ese artículo a 7 de los máximos tótems de la iconografía pop-rock, y aventuro que a muchos no les va a sentar nada bien las estatuas venerables con las que este cuarentón adolescente se ensaña. Yo lo único que lamento es que no amplíe el artículo a 10 e incluya a los U2, a Madonna o al heavy metal en su más amplia extensión. O Neil Young o el mismísimo Elvis Presley, Bueno, seamos sinceros, sincerísimos: los miles (porque igual no llegamos al millón) de puristas que integramos ese ente llamado Tribunal Supremo Planetario de la Autenticidad no incluiríamos jamás a Madonna en nuestro hipotético star-system: demasiado asociada al pop o a los canales comerciales.

A pesar de ese, a veces quijotesco , sentido de la defensa de las grandes carreras, RockDeLux sigue siendo prácticamente el último estandarte español de lo que algún día debió ser un género floreciente: el periodismo musical. El puro: no el que a veces parece la depuración estética de un fanzine ciclostylado. Imagino que si las descargas ilegales han arrasado a discográficas y a productores y toda la mandanga, el esforzado crítico musical que conseguía, con una reseña positiva y entusiasta, que las ventas de algún oscuro disco se disparasen a los dos o tres millares, hoy, que ni se les hace caso ni tienen mayor impacto sobre algo mesurable, está sólo un par de escalones más arriba de la jerarquía blogger. 
Pero es posible que ésta situación, paradójicamente, haga mejorar su nivel de fiabilidad. Ahora no hay apenas anunciantes que pagan páginas de novedades, ni compañías que subvencionan eventos. La publicidad que figura, la escasa publicidad, es de conciertos y festivales, o marcas de cerveza o ropa juvenil. La afluencia de artistas a festivales como el FIB o el Sónar es tan masiva que, por una pura cuestión estadística, habrá artistas que han sido entronizados junto a artistas que han sufrido el mayor de los varapalos. RockDeLux es más libre porque es más pobre. Qué cruel realidad.
Atrás quedan estos momentos de un tiempo que ya se aprecia muy lejano. Para conmemorar los diez años de la edición del clásico único disco de Family, Un soplo en el corazón, RockDeLux pidió a una serie de artistas (algunos de los cuales ni siquiera tuvieron mejor momento de gloria que ése) montar un disco con versiones de las canciones en el mismo orden del disco original. Artistas variados, pero que coincidieron en abandonar el sonido inicial del disco, un acusado homenaje a los New Order, con sus bajos burbujeantes y su sensación algo emocionalmente surrealista (madre, no puedo llegar a ningún sitio inventándome estos conceptos), y hacer las canciones con sentido propio. Éstas son tres muestras, cortas piezas convertidas respectivamente en:

Depeche mode en castellano pasados por el túrmix clicks'n'cuts


Canción de nana final del milenio (del tercero) con influencia afrancesada y


Himno amanerado de acampada con resaca de MDMA, originalmente dedicado al productor de los discos de Joy Division


En cualquier caso, un disco que se constituye como testigo directo de que la voluntad y el entusiasmo de unos cuantos auténticos amantes de la música puede acabar convertido, más que en una contemplación autocomplaciente y masturbatoria, en una feliz muestra de creatividad.

dimarts, 29 de maig de 2012

SESION DOBLE

Malas noticias (Too big to fail): Película de HBO recreando todo el proceso de la caída de Lehman Brothers, centrada en la intervención de las autoridades monetarias, básicamente encaminada a minimizar el impacto público. Demasiado reminiscente de Margin call, para mi gusto. Los rascacielos, los despachos, las reuniones, New York, New York. Solvente William Hurt. Donde en Margin call los nombres están meramente sugeridos y la trama tiene un cierto elemento de acción, ésta es una película con un enfoque algo más periodístico. Como una crónica. De repente, horas más tarde de haberla visto, me invade una sensación extrañísima. Pues la película se ha esmerado en conseguir actores relativamente parecidos a famosos banqueros estadounidenses. Y ha orquestado una curiosa escenografía para las reuniones clave: cuando se plantea a esos banqueros que o ayudan o eso se hunde. Entonces empieza a recordarme a la primera parte de Spiderman. La de Tobey Maguire, Willem Dafoe y Kirsten Dunst. Que, gracias, hijos míos, debo haber visto unas 50 veces, con lo que sé de que estoy hablando. Y es una gran película. Pero hablando de esta solemne crisis financiera global, no me parece un buen recuerdo que actores estén caracterizados de modo que acaban pareciendo malévolos personajes de adaptaciones de cómic. Porque este desastre empieza a hacer muy poca gracia.
Entonces cambio mi primera apreciación, que era "Aceptable, tirando a interesante" a "Si quieres lo real, mejor Margin call". HBO: a tus series.

Los falsificadores : Película del 2007 basada, parece ser, en hechos auténticos de la Alemania nazi. La veo dentro de la onda expansiva generada por la lectura de HHhH. Ví también, de Verhoeven, La lista negra: horrorosa de mala y previsible. De Los falsificadores sacó Tarantino a August Diehl (el Gestapo de la escena de la cantina). Sorprendentemente buena, sin ser una obra maestra es una lograda película con una buena ambientación, la clásica ambientación gris verdosa que consigue incomodarnos, que cumple su objetivo, que es decirnos "todo esto no está tan atrás, y si lo olvidas, pasará a estar adelante". Música de fondo : tangos. Tangos?. Sí. 
Pagarás por ver estrenos mucho peores.

dilluns, 28 de maig de 2012

LA BUENA VIDA

En un extremo, supongo, estaría algún libro de Ken Follett. Estilo sin complicaciones, vocabulario coloquial, tramas con relaciones y acontecimientos adictivos.
Y el otro lo ocuparía algo de Joyce, o de Proust. Lenguaje al servicio de sí mismo, sin importar lentitud (incluso quietud exasperante), despreciando la frivolidad de la acción como un fin en sí misma.
En medio, demasiadas cosas. Pues el otro día le recriminaba a Franzen (que es literatura) que fuera poco aguerrido al hablar de sí mismo. Que mantuviese el buen estilo pero que cojease ligeramente en la trama. ¿Cuánto devorador (a punto, de escribirlo, con "b" y "h" ) yace en nuestro interior, complicando la vida con su prisa y su urgencia al degustador, que paladearía hasta que anocheciera, ya no una frase, sino una palabra o un silencio?. Porque no sé donde situar un magnífico libro como es Cineclub. Para empezar, delimitándolo como libro en vez de llamarle obra o novela, o repaso a la historia del cine con el pretexto de un curioso pacto educativo. No le llamaría manual de autoayuda repleto de consejos involuntarios para el trato con los adolescentes problemáticos, básicamente porque, por principios (que integrarán un decálogo que quizás un día publique), debo sacudirle fuerte a los libros de autoayuda, quizás no tan fuerte como debería darle a manuales de management que se visten de libros de autoayuda (los detestables Quién se ha llevado mi queso y similares, que vienen a decirte que sólo el que tú seas estúpido es el motivo real de que no seas millonario), pero estoy ahí; dale que te pego; si quieres ayuda, acude a un psicólogo, que te vea y te conozca antes de plantearse ayudarte. Así conocerás a alguien de carne y hueso. Qué sabe el autor del libro de autoayuda del complicado panorama de cada uno de sus lectores. Mucho rostro.
Qué lejos me  voy a veces con cualquier pretexto.
Pero es que me desconcertaba tener tantas ganas de seguir leyendo este libro cuando lo hacía. A la vez, tener tantas ganas de ver los montones de películas que menciona, de ir justo a las escenas que describe, de detener el reproductor justo en la imagen que detalla. De analizar la mano de Brando que coge el guante, el gesto de Dean, o la mirada del niño al acabar Les 400 coups.
Cuando, con sorna, insisto muy a menudo aquí sobre como las series han desbancado al cine en riqueza narrativa.
Así que Cineclub es una maravilla, pero no sé si lo debería decir así, soltándolo, tan ricamente, y sin justificar con un análisis de algún calado, que me hace definirlo así. El que lleve incrustado el diario de un fan hardcore del cine de todas las épocas. El tipo (como uno que conocí) que vuelve a casa cada día y rellena una ficha técnica con los datos de las cinco o seis películas que ha visto. Pero no con actores y directores; con directores de fotografía y especificaciones de iluminación. Sí, esa podría ser una razón. El que, sin que me quede claro si es ficción o es real, el autor relate entusiasta esa inusual convivencia en casa: la del padre esperando una nueva oportunidad profesional junto al hijo que convierte su desencanto adolescente en dudas sobre su futuro. En dudas sobre la gestión de sus relaciones sentimentales.
La cuestión básica (o sea, la que se puede leer en la contraportada del libro o en cualquiera de esas webs que parecen ser de reseñas pero son de pura promoción encubierta): un padre, periodista de carrera discontinua en diversos medios, acepta que su hijo de 16 años deje el instituto con una serie de condiciones. Nada de drogas, y ver juntos un número de películas semanal.
El mensaje de fondo: que el arte es a veces la mejor de las alegorías para representar la vida, pues el arte lo hacen los vivos, en solitario o colaborando. Que una colección de películas (añado yo:  o de discos o de libros) define a su propietario, a veces más que diez tomos de autobiografía y confesiones a la luz de una vela. Un libro (repito: libro) optimista, fresco, didáctico sin pretenderlo abiertamente (aunque estoy seguro de que su autor confeccionó una lista detallada de las películas con algún mérito, por bizarro que fuese, para su inclusión). Otra demostración más de que la letra escrita genera placeres diversos. Con un uso comedido de la baza emocional. No solo el solaz en el absurdo, no solo la sorpresa ante la naturaleza humana, no solo la pulsión nostálgica del romanticismo, el viaje o la aventura. 
David Gilmour (que no es el de Pink Floyd) ha escrito algunas novelas más. No sé si debo sentir curiosidad por ellas. Me da la impresión (sería propio de un profesional indagarlo) de que éste es un libro único en su obra, y temo que los demás puedan parecerme los de un Nick Hornby en horas bajas. 

diumenge, 27 de maig de 2012

DECALOGO VOLUBLE

1. Nada de Cela, de Umbral o de Allende.
2. Nunca tres libros seguidos del mismo autor, ni de la misma temática, ni del mismo país.
3. Alterna lengua original y traducciones.
4. Alterna relato corto y novela.
5. Cuidado con las ediciones especiales. Piensa en el texto. Si le hacen realmente falta tapas lujosas, papel de 110 g., prólogos, epílogos, introducciones, presentaciones, notas del traductor.
6. Los libros de auto-ayuda tienen tres pasos de ciclo vital: estantería de la tienda, cajón de saldos, cubo de la basura. Ninguno de ellos incluye tu casa.
7. Mejor un libro que te duerma a un libro que te aburra. Al menos el primero sirve para algo.
8. Ya está bien de novela histórica.
9. La ficción, de cualquier manera. Los ensayos, en dosis pequeñas.
10. Mejor auto-biografias que biografías. Pero mejor aún, ficción.

MUSICA AL FIN

Beth Jeans Houghton

Puede que sea una de mis cagadas.
Pero apuntad este nombre.

Porque de repente, en esos extraños DVD cargados de músicas nuevas que me compongo con lo que bajo, por referencias y por críticas y por curiosidad, me he encontrado a esta chica, de unos 22 años, con una estética algo andrógina, y con una voz que me recuerda la mezcla de varias, desde la cargante Annie Lennox o la repugnante Enya (que obviamente me parecen un horror) hasta Goldfrapp, Joanna Newsom, Joni Mitchell, y puede que hasta algo de PJ Harvey, más en la actitud vocal, algo irreverente, que en la voz en sí.
Pues el disco tiene algo de irreal y las canciones son evocadoras y suenan muy bien. Buena producción, buena ejecución. Orgánico pero ligeramente otherworldly. Mierda de palabras inglesas intraducibles. Como de otro mundo, carajo. Ya empezaba a estar acomplejado de no poner apenas nueva música últimamente y de agotar el número razonable de veces colgando algo de los XX o de Scott Walker o de Radiohead.

El caso es que ahora mismo ni siquiera podría decir de dónde narices la he sacado. Si alguno de los aquí presentes participó en recomendarla y ahora va a recriminarme mi desfachatez por no mencionarlo, os juro que no me acuerdo. Demasiadas cosas en mi cabeza, parte de las cuales van a ser agradablemente reemplazadas por esta chica, extravagante, sí, pero que debería arrinconar a las toneladas de plástico vigentes; que si Lady Gaga, que si Adele, puros diseños de marketing frente a esta extraña inglesita.




dissabte, 26 de maig de 2012

LA SECCION FEMENINA

Cuán a menudo pienso en qué coño es lo que tiene algún otro blog para ser una referencia global que no tenga el mío. Los pensamientos se esparcen por el suelo del salón, desde sus partes más oscuras (sexo o violencia explícitos) a las más bajas (tele-basura, reggaeton) pasando por las más variopintas (moda, cocina, sudokus, vídeos de gatitos, de perritos, de bebés haciendo cucadas). Y si pienso en eso, o debo reconocer, quedo a escasos centímetros de una preocupación, es porque veo la escasa actividad que presentan últimamente las chicas que me leen. 
Teniendo muy presente la fotografía conmemorativa que he visto de los cuatro protagonistas de The Big Bang Theory, junto a Stephen Hawking, que ha hecho un cameo en uno de sus últimos capítulos. El miedo que me da que esto se convierta en uno de mis más temidos escenarios: unos cuantos hombres obsesionados con discutir eternamente sobre a)la mejor parte de The Godfather/b) el mejor disco de Radiohead/c) el mejor capítulo de 1/Sopranos 2/Wire  d)la mejor película en que interviene Scarlett Johansson o e) el mejor gol/partido/jugada de algún futbolista favorito.
Y que conste que aunque hay que reconocer que muchas mujeres disfrutarán tanto o más de alguna de esas discusiones bizantinas, a medida que añadía letras, el perfil se iba masculinizando, y yo me iba horrorizando.
Así que solicitaría a todas esas chicas que me leen habitualmente que me den pistas que me permitan hablar de cosas que las atraigan aquí, a leer y a comentar. Que los clubs de amigotes son válidos, en el mundo físico: para compartir marcas de cerveza o botellas de whisky, para comentar lo de las chicas que pasan, para tragar comidas incomibles con tal de estar juntos. Pero eso aquí, en el blog, no funciona.
Y sí: menudo momento para pedir esto que el día posterior a dos post : uno con la foto de un jugador de fútbol y otro con la portada de un periódico deportivo.
Suicidios ejemplares.



Aclararé : los temas soportables de Bebe al final, no son dos, sino tres. Había olvidado esta versión.

CONFLICTO DE INTERESES: UNA RESEÑA BICEFALA

Aunque insisto en querer ver por aquí a más gente (invitad a familiares y a amistades: entre todos impediremos que vuelvan a oír o ver cualquier porquería), a veces es complejo satisfacer a todo el mundo. Como el caso que me ocupa. Suscribo cierto decálogo casi en su integridad (en la web de Deborahlibros), con ligeras salvedades respecto a la literatura rusa. Bueno, ligeras. Si evitarla a toda costa puede considerarse ligero. El hecho es que hasta que he suscrito in pectore un buen pedazo de ese decálogo yo ya venía cumpliendo algunos de sus puntos. Como el de no dar oportunidades en exceso a los libros que no entran. Ahora bién, por otra parte me comprometí con Quién Pereira a echar un vistazo a Jadzhi Murat, novela de Lev Tolstoi (antes le llamaban León, ahora se ve que hemos empezado a respetar los nombres originales y a no hispanizarlos) y, aparte de cumplir mi palabra, la espectacular frase de un prestigiosísimo crítico como Harold Bloom, que lo considera el mejor de los relatos que ha leído, me disuade de cualquier eventual incumplimiento. Muy categórica la afirmación como para ignorarla.
Aunque la culpa de que yo no haya leído ninguno de esos clásicos rusos no la identifico muy nítidamente: el elevado volumen de páginas de los tres grandes títulos clásicos: Guerra y paz, Crímen y castigo, Ana Karenina. Su pinta de ser considerables dramones llenos de muerte e injusticia, de desgracias que arrastran a las generaciones, de hambre y sed, de las reales y de las de venganza. Ciertas fotos vistas hace años sobre las hambrunas en los años 20 y en el asedio nazi a Leningrado; el canibalismo. Fotos que he visto en la red y que dan auténtico pavor: más que las esperpénticas portadas de los discos de Iron Maiden. Fotos que os he ahorrado poner aquí. Pues sabes que eso tiene visos de realidad. Qué querrá decir eso sobre mí.
Superados esos obstáculos, Jadzhi, Khadzi, o Khadyi (las diversas ediciones que he visto escriben de muy diversas maneras el nombre) Murat me está pareciendo una entretenida novela, casi de caballerías y por supuesto de época. Pues he insistido en mi obsesión por los escritores contemporáneos y con Tolstoi nos vamos más de un siglo atrás. Curiosidad por como puede emparejarse ese líder, que lejos de los despachos y el aislamiento, huye montado en su caballo y cruza los bosques, y reza, con el temperamento glacial ruso. 
Este es mi segundo intento de abordaje a un Gran Clásico en estos días: no he podido pasar de las diez páginas de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, fundamentalmente desorientado por su extemporalidad respecto a la película que inspiró: Appocalypse now. Otro día. Curiosamente sí decido seguir con Murat porque, primero, no tengo ninguna previsualización de sus personajes y escenarios y, después, porque la escritura de Tolstoi me parece más amena y menos pretenciosa de lo que me había imaginado. No sé si considerar Jadzhi Murat una especie de épica de aventuras con un trasfondo político. Pues se sabe que el asunto de Chechenia es una gran piedra angulosa en el zapato de la realidad rusa. El libro aporta una visión heroica y noble de una especie de líder guerrero. Lo muestra pernoctando en tiendas de campaña y urdiendo estrategias para conseguir sus objetivos. Lo muestra desplegando su capacidad de seducción, incluso hacia el propio narrador. Con una pronunciada fe religiosa. Muestra a los rusos, al zar y a su corte de aduladores, como seres endiosados y superficiales, que se hablan y se escriben puntualmente en francés, que observan a esos guerreros tártaros primero con desconfianza, luego con fascinación, casi admirándoles. Como quien se para ante la jaula de los tigres en el zoo. Muestra una red de traiciones recíprocas, de sacrificio por familias y por ideales. Sangre y arbitrariedad, puro capricho como cuando el zar decide los castigos a los crímenes que se le presentan. Pretende actuar de manera civilizada y no aplicar la pena de muerte. Como pendiente de lo que piense el resto del mundo.
Sí. Hay que leer estos libros; aunque sea para recordar tiempos muy diferentes a los que vivimos, y apreciar los pequeños avances que hemos logrado. Pues esa Rusia descrita, la sometida al buen o mal humor de un mandatario, al sesgo con el que su círculo próximo le presenta la realidad, no nos es ni muy cercana, ni completamente ajena. Ahí está el mérito de la escritura de Tolstoi. Su calado. Vemos la noche estrellada y la tienda y oímos los caballos acercarse. Percibimos la conspiración y la insidia. Las insinuaciones de aburridas damas nobles rusas. Y un halo como mágico, repleto de tristeza, de tristeza ante destinos que se adivinan fatales. De tristeza, no sé si llamarla infinita, o perpetua, o simplemente persistente. Siglos después, en esos mismos escenarios, las cosas apenas han variado. Los rusos, en las guisas de sus sucesivos gobiernos de todos los colores, empeñados en someter a los chechenos. Los chechenos, acrecentando su rabia y su desconcierto ante esa insistencia ,que no obedece a más razones que al orgullo y la cabezonería y, supongo, la repugnante coartada geoestratégica.
 Otro mérito de Tolstói: escribir hace más de cien años un libro que, aún hoy, parece terriblemente moderno.

divendres, 25 de maig de 2012

LA INDIFERENCIA ES LA DIFERENCIA

Guardianes de las esencias : uno de ellos
Desde que era niño, cuando Franco vivía, y apenas nos dejaba vivir, asimilé una lección que muy pocas veces los hechos me han contradicho. Que ser barcelonista era muy diferente a ser un mero aficionado al fútbol: y diferente significó muchas veces ser peor, incluso mucho peor. Pues la subjetividad de la pasión por los colores nublaba nuestra mirada. Muchas veces jugábamos horriblemente: a nada, incluso. Nuestros jugadores algunas veces eran sombras de otros mucho mejores, a los que mi ingenuidad oscurecía y menospreciaba en la equivocada idea de que esa camiseta los convertía, a los míos, en invencibles. Nos dio por pasar épocas rarísimas; las de los jugadores holandeses, las de intentar buenos fichajes españoles, las combinaciones de estrellas mundiales fichadas a golpes de talonario para ponerlas en el campo con jugadores mediocres incapaces de estar a su altura. La de recoger descartes del Español, del Madrid. La de ir a pescar jugadores vascos. Lo que me cuesta escribirlo, pero como forofo siempre pensaba que éramos el equipo perfecto y que entonces sí, ya lo teníamos, y se hacía al fin justicia.. y los resultados se encargaban de aguarme la fiesta.
Por eso, por la sabiduría que me otorgaron esas prolongadas rachas de paciencia y abnegación que acumulé a lo largo de décadas, con intervalos, que, significativamente, cada vez duraban más, de "ahora sí"; por esa progresiva sensación del acercamiento al momento cumbre, ahora sé, y lo sé sin dudas, que el Barça es hace cuatro años el mejor equipo de fútbol del mundo. Que aún lo es.
Pero en el mundo de los opuestos enfrentados y de los antagonismos irreconciliables, ese mundo en el que estamos empujados por fuerzas políticas y telúricas a la confrontación, esa situación es, para muchos, insostenible. Hay que acabar con ello. Divide y vencerás. El mínimo resquicio permite fijar la cuña y clavarla a fondo. 
La comprensible discreción sobre la sucesión de puestos clave en el club: Guardiola se enfada porque se entera de su sucesor en la rueda de prensa de su despedida. 
El comprensible desajuste de personalidades en un grupo de cerca de 25 hombres jóvenes, ricos y triunfadores : Piqué sale mucho en las revistas y eso lo desconcentra, Piqué se cepilla a una modelo israelí, Alves se ha divorciado y está living la vida loca
El comprensible criticismo sesgado de antiguos directivos que echan de menos la excitación sexual del poder y los micrófonos hambrientos de frases lapidarias : se podría haber hecho más para que se quedara. 
Las comprensibles ganas de celebridad de periodistas con exceso de ego : todo está podrido, todo va a estallar, todo arrasado, todo quemado

Pues ya tengo ganas de decir que no: que la historia es un calcetín al que, también aquí, vamos a darle la vuelta. Vamos a ser diferentes esta vez: vamos a ser indiferentes esta vez. Los perros ladran, la caravana pasa. Lo dijo un chino, o un árabe, o un tibetano, o algún viejales medio chalado, sentado en una silla desvencijada de un parque de caravanas, residente en Knockemstiff, Ohio. 
Da igual quien lo dijera. Hasta eso da igual.

LA TERMITA POLITICA

Sexo es vida: eso es lo notable aquí.
Siempre pienso sobre la raíz etimológica del término arribista. Como soy bilingüe, me gusta, sin preocuparme por consultar diccionarios, pensar que viene tanto de el castellano arriba : o sea, que es una persona que busca encaramarse, lo que se dice un trepa; como del verbo catalán arrivar (llegar) y que entonces es algo propio de alguien nuevo, de alguien que llega a un sitio en el que no es bien visto y recibido. Y estoy contento con esa mezcla que me he confeccionado para definirlo. Seguramente alguien me dirá que, íntimamente, y por el común origen latín de mis dos idiomas, esas dos palabras ya están relacionadas.
Si me piden ejemplos de arribistas diría dos : el personaje del monitor de tenis que interpreta Jonathan Rhys-Meyers en la excelente Match point de Woody Allen, y Marina Castaño, viuda de Camilo José Cela (aunque podríamos especular con que ahí confluye también cierto perfil de caza-fortunas).
Pero sería fácil concluir que cualquier persona que accede a cierta fama desde el anonimato (aunque sea relativo) se convierte en arribista en el momento en que focos (reales o virtuales) la deslumbran, consciente de este mundo iPod en el que presionamos el skip rápidamente cuando algo nos aburre, sean personas, libros, canciones, series, blogs, o canales de TV. La opción de consultar qué tal está cualquier otra cosa resulta sumamente tentadora. Mundo patchwork, mundo zapping, mundo multipantalla. Mundo infiel por naturaleza.
Y en ese concepto entraría ya demasiada gente: desde los últimamente recurrentes personajes de reality-show hasta cualquier político. Pues nuestras sociedades aún no han empezado a hacer limpieza de la corrosión (no diferente de corrupción, pero he ahí dos palabras que seguramente también comparten raíz etimológica) implícita al poder: los políticos aún lo ven como el atajo más rápido al enriquecimiento. Cuando prácticamente todo está inventado, poner la mano para recoger una comisión es lo más sencillo.

Por eso lo político es la termita que destroza pilares y vigas por doquier.

La ultraderechista presidente de la Comunidad Autónomica de Madrid, Esperanza Aguirre, ha hecho uso de su creciente influencia para dar un paso adelante en la progresiva pérdida de engañosa democracia en España: la advertencia coercitiva de la libertad de expresión. 
Ante la posibilidad de que un partido de fútbol entre equipos vascos y catalanes, con presencia, creo (pues el rey convalece de uno de sus frecuentes golpes de cadera), del principito, se convierta en un severo correctivo en base a silbidos y abucheos tanto hacia la figura monárquica como al himno y la bandera que no parece representar a la mayoría de la afición de los dos equipos contendientes, esta señora ya ha procedido a amenazar con la suspensión del encuentro. Como para decir: catalanes, vascos, portaos mal y os quitamos, además, el circo (del pan ya empezamos a olvidarnos).
Lo que no sabe esta señora es que quizás si la contienda fuese entre un equipo andaluz y uno gallego, cierta parte de la pitada iba a producirse igualmente.
Nótese el hábil regateo que me llevo para no usar una puta mayúscula al mencionar a estos personajes con coronas actuales o futuras.
Así que ya tenemos el palo levantado; no nos han dicho si hay que cantar el Cara al sol (himno franquista) en el campo, todavía. 
Esa es la siguiente fase. Programada, al paso que vamos, en menos de un año.


dijous, 24 de maig de 2012

EL EFECTO SELASSIE

Muchísimo hará de mis primeros panegíricos sobre Bob Marley. Sobre su influencia, sobre su obra completa, sobre una sola canción. Pertenecen, algunos,  a esa fase seminal de este blog, de la cual debería avergonzarme hasta el punto justo de borrar, o editar, o adecentar, pero a lo hecho, pecho. Supongo que dignifica un poco la evolución a la que me debería haber llevado todo lo escrito después. En algún punto, debí mencionar un aspecto que alejaba a Marley de una condición divina total: su inexplicable entronización de Haile Selassie, emperador dictatorial y autoteocrático (palabra inventada, ale) de Etiopía. Ese error confería a Marley (supongo que dije, pues me repito más de lo que debería) una dimensión humana y vulnerable.
Yo he pensado en popularizar eso como efecto Selassie. Ese detalle raro que rechina (que sorprende negativamente) en medio de lo que sería perfección. En el fondo, lo que nos aleja de ser máquinas programadas donde toda pieza ajusta. Como la pieza negra sobre un retablo blanco porque en la tienda ya no les quedaba de ese color, y era mejor que dejar el agujero. 

Porque este sería el efecto Selassie de Jonathan Franzen. No, no he entrado en una fase ahora casi no me gustan cosas por contraposición a las cuatro o cinco grandes lecturas que reseñé casi consecutivas.
Pero es que Zona fría, recopilación de ensayos autobiográficos del propio Franzen, es un océano gris lleno de sardinas, en medio de los mares caribeños con delfines y tiburones que son sus obras de ficción. Buscando el completismo, pernicioso vicio que acaba por revelarnos caras ocultas, que luego nos arrepentimos de haber visto, probé (y tengo preparado Cómo estar solo, ya puro ensayo) a ver si su maestría afectaba a toda su obra. 
Y no. 
Está el buen estilo narrativo, está el efecto de empaquetado de opiniones propias sobre hechos sociales y políticos coincidentes con la acción. Está todo: pero falla algo : como a Austin Powers, el mojo. Y es la cuestión de que Franzen, cuando habla de sí mismo, de sus hechos vitales, está como cohibido. Porque el cinturón de la realidad es mucho más ajustado que la cómoda fajilla elástica de la ficción, donde introduces a cada situación o a cada personaje el punto justo que los hace excitantes, la salsa que aporta el sabor. La vida de Franzen no es tan estimulante como las de los personajes que el concibe a montones en sus extraordinarias novelas. Ese es el principal inconveniente: que para ser sincero y leal en lo que escribe sobre sí mismo, Franzen tiene que reprimir su aspecto creativo, y eso castra el libro. 
Usaría un símil muy extraño: la fascinación que ejercen sobre mucha gente  los programas como los reality-shows consiste en  ver a personas reales interpretando (comportándose, pero en el fondo actuando) situaciones extremas de su propia vida (convivencia con extraños, sexo ante las cámaras), como paréntesis de excitación en medio de existencias anodinas. Aquí es al revés: Franzen es un tipo casi normal que usualmente está imaginando excitantes vidas ajenas y plasmándolas en sus novelas. Cuando habla de sí mismo, por timidez, por sentido del ridículo, por cambio de perspectiva: por lo que sea, el perfil desciende. No es que no sea interesante: volviendo a Bob Marley, es como oír esos recopilatorios de oscuros sellos jamaicanos donde se publicaban sus singles primerizos. Los oyes una vez, por curiosidad. Pero sabes que no es lo más grande que te podía ofrecer.

dimecres, 23 de maig de 2012

LA CARA OCULTA DE LA LUNA

Mercedes Milá (dudo hacia donde poner el acento: es un apellido catalán pero su nombre se mantiene en un rotundo y aburguesado español) es una periodista barcelonesa con una prolongada carrera en TV. Carrera que yo asocio a un característico peinado, con unas ondas en el flequillo, que llevaba por los años 80, con una pose algo hierática ante la cámara, como en una exhibición del comedimiento propio de educación en escuelas caras de la parte alta de Barcelona, y a una algo pudorosa inhibición del atractivo sexual propio de la lozanía de la veintena-treintena (que fue cuando empezó a ser un personaje popular).
O sea: Mercedes Milà (pongo el acento abierto, ahora sí, para compensar y aportar cierta medida de avance del tiempo) era una periodista con una carrera intachable, seria, lo que uno diría con un tono algo trascendente, contrastada. Para que me entendáis los que no habéis visto TV en España sobre los 80-90. Acorralaba al entrevistado, lo ofuscaba y lo turbaba hasta hacerle bordear la incomodidad. Cuando parecía ir a cruzar la barrera de la intimidación física, de esa pregunta inquisidora que pone a todos al borde del llanto y del reconocimiento de la culpa, echaba el cuerpo hacia atrás, lanzaba una mirada de reojo a la cámara y, magnánima, dejaba a su presa lamerse las heridas y sollozar arrepentida. Esa clase de periodista era: mujer y feminista, firme y decidida.

Cuando hace diez años empezó a presentar Gran Hermano poca gente creyó que fuese la persona idónea para hacerlo.

Aprovecharé esta pausa dramática, nada casual sino calculadamente planificada por el narrador para manifestar la importancia de mi siguiente afirmación: Gran Hermano me parece la bazofia más escandalosa concebida para emitirse en TV. 

Lo cual seguramente tiene un mérito importante. Nadie puede ser tan eficiente y tan tenaz en crear algo tan malvado. Me extenderé, aunque sea para demostrar que hablo con conocimiento de causa. Gran Hermano, en España, y supongo que en los países donde ha obtenido niveles de éxito tan elevados y tan constantes (van 13 ediciones), ha sido una máquina de suministrar contenidos a la cadena que lo ha emitido. No sólo eso; no sólo canales temáticos y revistas y análisis sesudos por todas las capas de la comunidad intelectual (del frívolo analista de telebasura al rígido crítico rayano con el doctorado en sociología). También auténticos patanes (ignoro si hay un femenino para patanes, pero sí, también ellas) que se han dedicado a vender sus aburridas existencias como si fueran meta-experiencias por TV, a hacerse los interesantes o, directamente, a prolongar los tres meses de exposición pública de vergüenzas hasta abarcar toda su existencia. Por extensión, o por méritos, o por política de medio, a pensar que a alguien le interesan sus opiniones sobre otras cosas, y a expresarlas. Muchos de sus participantes han permanecido en el anonimato del que algunos se arrepintieron de salir, otros han arrastrado, exprimiendo la ubre de una popularidad menguante, a presentar concursos de ínfima categoría en canales con menos audiencia que este blog, o a acudir a inauguraciones de disco-bares de barrio que duraron lo justo para abonarles el caché por su presencia, pero unos cuantos se han aferrado a esa teta y no la sueltan, ni lo harán por su voluntad, jamás.
Entonces qué queréis que yo piense de un programa así: de un programa que eleva a personajes públicos a tipos que, en otro caso, no hubiesen franqueado la barrera de ser el locuaz, o el chistoso, o la graciosilla o la enterada del grupo de amigos que se reúne en el bar los sábados, para ver el partido.

Lástima, mi opinión no va más allá de esta pantalla en la que escribo. Seguramente.

Mercedes Milà tiene procedencia aristócrata y se declara liberal (no ultraliberal: habla claramente de cuestiones carnales), y le dice a una audiencia de ocho cifras que se mea en la ducha.
Pero va y se deja fotografiar jaleando a José Tomás, hace algunos años,  en la plaza de toros Monumental en Barcelona (y cerquita, Serrat y Sabina: ojo al dato). Lo cual es una incoherencia, al menos para mí. Que soy furibundamente antitaurino. 

Para mí, a quien los personajes incoherentes me despiertan cierta curiosidad. Jugadores del Madrid que se declaran forofos de Mad Men, por ejemplo.

Ahora Mercedes Milà está divulgando que ha emprendido, con algunos de los pingües beneficios que presentar esta ponzoña le procura, la aventura, junto a otros inversores, de reflotar una librería en Barcelona. Que está a cien metros de la escuela de mis hijos. La han ampliado, jocosamente, ocupando el local que abandonó una sex-shop, la han puesto toda cool y han incorporado un área de cafetería y prensa, y mesas esparcidas donde ignoro, debería probarlo, si uno puede entregarse  de manera plácida (y gratuita) a pasar horas leyendo algunos de los libros que venden. Para que se los vendan a otro con salpicaduras del café que te has tomado. 
Yo no sé si esto lo hace para compensar la escasa promoción de la cultura que es su programa, que no solo no muestra a nadie leyendo, nunca, sino que impide que mucha gente emplee el tiempo en ello.
Pero hete aquí que la selección de libros es muy buena, con criterio, y el ambiente agradable, si bien un poco decadente: la zona da para que las señoras bien de las inmediaciones acudan a prolongar sus cafés vespertinos mientras sus maridos amasan millones desde los despachos de dirección de las plantas altas de los edificios de oficinas cercanos. La música de ambiente es un horror: standards del jazz más sobreescuchado y música pop actualizada al estilo Nouvelle vague de ínfima categoría. 
Yo acudí, hace unos días, con mi Orsai #5 visiblemente bajo el brazo. Cuestión premeditada: una revista literaria de tirada ultralimitada, un paradigma de lo snob; o sea, casi mejor que el más inencontrable de los libros. Casi esperando que el de seguridad me abordarse al salir, para preguntarle con un tono algo ofendido ¿estás seguro de que vendéis esto aquí?.

El día anterior había estado Enrique Vila-Matas presentando su último libro. Por cierto.

En Catalunya, los precios de venta al público de los libros nuevos están rigurosamente controlados. Los libreros apenas pueden aplicar un descuento en ocasiones especiales. Así que es casi irrelevante donde comprar un libro. 

Puedes comprar en El Corte Inglés, que está casi al lado, pero que atufa a empresa evolucionada a los auspicios y protección del franquismo más recalcitrante.
Puedes comprar en La Casa del Llibre, de Editorial Planeta, que interviene en el accionariado de cadenas de TV y medios ultraconservadores como Antena 3 o La Razón.
Puedes comprar en el FNAC, del imperio francés LVMH, lujo a espuertas, trabajos de temporada pagando cuatro céntimos como cajeros a estudiantes desesperados por pagar las tasas de matrícula, que Rajoy les ha puesto por las nubes.
O puedes intentar comprar alguna vez allí: hacer algo de amistad con alguno de los dependientes, de manera que acabe dirigiéndose a ti por tu nombre y, con el tiempo, nadie sabe, dios dirá, comprenda que no debe recomendarte, jamás, nada de Isabel Allende.

Llibreria +Bernat: Calle Buenos Aires, 6, Barcelona. Curioso.

Para los libros viejos, a Cercles, claro.

dimarts, 22 de maig de 2012

OBSERVANDO EL DECALOGO

Mis padres no se obstinaron en exceso pues debieron ver que no iba a ser difícil. Me gustaría que no quedara tan sobreentendido pues soy consciente de que, a veces, es mejor ser algo canalla. Pero no. Soy buen chico. Bueno, soy buen hombre. Así que hago caso a los consejos de quien se comporta con una amistad desinteresada. Por ejemplo, los decálogos que leo por ahí, con los cuales acabo teniendo más encuentros que desencuentros. Por contra, como dos horas en el parque (aviso a los pusilánimes: ya no he puesto dos estúpidas horas) son mucho rato, la precaución que tomo es: llevar dos libros, y que ninguno sea de DeLillo. Con lo que opto por el menos dificil, y tiro adelante. No será tan complicado. Además: llevo varias reseñas cayendo rendido a los pies de varios libros (Amat, Binet, Bazell, Tower, Pollock) y ya va siendo hora de bajar de las nubes. 

Psé.
Se deja leer.

Es suficiente?. Un escritor fallecido recientemente y sus herederos, o su editos, que tiran de sus borradores, o del disco duro del PC o, igual, de un manuscrito celosamente resguardado con instrucciones escritas de "ésta es la definitiva". De hecho, ya intenté con Dibujos animados, toqué en hueso. Y Félix Romeo cuenta (como la Nothomb) con la ventaja de que, a ciento y pico páginas porlibro(en paso de letra 11 para arriba), hacerse una semblanza de su obra es sumamente más sencillo que, por ejemplo, Proust o Balzac. Lo que en este caso, no dice a su favor. Apenas dos horas he empleado de mi vida en opinar tajantemente que hay mucha gente por ahí escribiendo mejores cosas que Romeo y sin una editorial (grande pero maleducada) como Mondadori que les venga a pagar y a editar en bonitos libros con tapa dura. 
Confuso, caótico en su planteamiento, pretendidamente underground, fallidamente urbano. No quiero mostrarme irrespetuoso hacia un escritor que falleció muy prematuramente (sobre los 45 años). Pero no le veo el sentido a ninguno de sus libros. Genero policíaco pero no, iba a ser una especie de denuncia social pero espera, mejor tampoco. Una hora escasa para pasar de los dos tercios de libro, digo, Francesc, va, termina a ver si tiene sentido, o no. Ni despejo la duda. Sí, hay una especie de trama, como una especie de autoinculpación, como una lúgubre historia de una mala mujer y que si la cabra tira al monte. Kafka, quizás, Camus, probablemente, Sábato, una sombra tenue pero precisa. Mucha cosa flotando en el aire, no solo el polen de los árboles: también la volatilidad de este libro. Yo no me levanto a correr tras ella. Es hacer el ridículo.

DEFINICION DE SONIDO

Cuanto travestido brasileño llevaría esta foto a su cirujano
No hay nada que me guste más que estos posts que esporádicamente escribo en exclusivo sobre una canción. Me parece que hay gente que directamente ni se los lee. O sea; como si mi auténtico diario secreto pudiese quedar disimulado entre la hojarasca de reseñas de libros, de críticas, demoledoras o no, de series basadas en añejos personajes literarios, de nifus,nifas sobre películas a las que les sobran horas de metraje y les faltan horas para construir personajes. Recuerdo uno, el de la canción de Pulp: 0 (cero) comentarios. Recuerdo otro sobre una de Bob Marley, que quizás si tuvo algunos, uno cariñoso y entrañable de Karina, y otro de Tuli, sacando pecho de haberlo visto en directo (eso sí fue una aparición divina).
Bueno, pues sabedlo; este es otro post sólo sobre una canción. Encima, un pelo oportunista. Murió Donna Summer. Aunque uno a veces reniegue de los primeros discos que compró, sí que recuerdo que el suyo fue uno de los que compré con más conciencia, con más intención, cuando apenas debía tener unos 12 ´0 13 años. Lo compré a medias con mi hermano (un sistema barato pero poco práctico) en una de esas noches de vigilia de Reyes en que los comercios abrían hasta pasada la medianoche. El disco se llamaba A love trilogy y era un LP completamente clásico de sonido disco producido por Giorgio Moroder y Pete Bellotte. Incluyendo una especie de interminable mega-tema que ocupaba toda una cara. Cuerdas por doquier, ritmo perfecto para el baile, arreglos ligeramente sintetizados, y la voz de la Summer, especie de prototipo de las grandes divas disco (y house) por venir: desde Sylvester o Divine hasta Kym Mazelle o la actual y detestable generación pseudoplástica.
Pero mi tema favorito era una conjunción de dos canciones que iniciaba la segunda cara. Un breve arranque llamado Prelude to love: piano eléctrico, un poderoso golpe de bajo, una tenue guitarra en wah-wah, y la sugerente (eufemismo por calentorra) voz de la Summer en una especie de warm-up para abordar, de seguido, Could it be magic, acursilado tema de Barry Manilow, que en la interpretación de su autor era épico y azucarado, pero que la resuelta calidad vocal de Donna Summer convertía en una bomba elegante para la pista. Sin olvidar, por supuesto, lo que entonces era la marca de la casa de la Summer: los gemidos y la simulación de orgasmos en las canciones. Lo cual en esta canción no molestaba demasiado. Era un polvo rápido y cortito en medio de la parte instrumental de la canción, justo cuando las cuerdas tomaban el poder.
Y no negaré que lo que más me gusta de esta canción es su condición de versión mejorada. La original de Manilow, que no es una mala canción melódica, es solemne, sentimental y algo grandilocuente. La producción de Moroder y Bellotte y la voz de Summer llevan la canción a la discoteca. La convierten en dinámica y sexy. Tremendamente sexy. Eso es lo auténticamente fabuloso cuando un músico muestra respeto hacia lo que versionea, pero se atreve a dar un paso adelante. Música disco que alguien asociaría al hedonismo y a la frívola celebración, al champán corriendo y a los escarceos amorosos en los reservados. Como si hubiera algo de malo en la esencia de las discotecas en los 70-80: lugares oscuros y nocturnos, con música sensual a todo volumen, donde servían  alcohol y la gente se desinhibía. Qué cerca del paraíso.

dilluns, 21 de maig de 2012

HEROES NACIONALES. A LA MONZO / 2.

Debo adelantarme: Quién Pereira ha prometido hablar de Catalunya algún día en su blog. Yo no puedo arriesgarme a que manipule malintencionadamente a las masas, caso de ser esa su aviesa intención. A la vez, si lo que pretendiera es redactar un encendido panegírico glosando virtudes que convierten esta, mi pequeña nación sin estado, en un lugar idílico para vivir y para morir, si ése fuera su plan, no puedo yo menos que adelantarme y ser el primero en explicar detalladamente los motivos del orgullo de mis raíces.

Así que nada mejor que dar un paso adelante. 
Los catalanes tenemos, como cualquier cultura con lengua propia e idiosincrasia que se precie y se distinga, muchos dichos (o refranes) propios.

Uno es : Si la fas, fes-la grossa.
O sea : Si vas a hacerla, hazla grande.

Algún iluso podría especular con que ello es el mejor reflejo de la ambición de un pequeño país, que no se conforma con los segundos planos, que necesita el cajón más alto del pódium, pues el segundo es el primero de los perdedores; no os matéis, el dicho no va por ahí, y el pronombre "la" no se refiere necesariamente a hazaña alguna. Intrínsecamente habla de algo malo, algo reprobable. Por lo cual, si vas a hacerlo, y es lógico  que hacerlo ta arriesga a que seas descubierto y castigado, al menos compénsalo con un acceso a la celebridad por la puerta grande.

Y, ya que nos hemos encargado de publicitar de sobras nuestros grandes artistas y cocineros o deportistas, desde Dalí a Adrià, a Xavi o a Guardiola, en algún momento decido que tan legítimo será el que yo opte por presentar a mi país a través de sus villanos más célebres.
Cosa que me decepciona: ni asesinos en serie, ni grandes atracadores o conocidos pistoleros o héroes particularmente crueles y despiadados en hazañas bélicas. Un desgraciado disfuncional como el "violador de l'Eixample", que no sabe estarse quieto con la picha en la bragueta. Navajeros de extrarradio cautivos de las poli-toxicomanías. Lamentable bagaje: uno ve lo que pueden ofrecer otros países en el mundo criminal y dice: vaya birria, mi país. Gángsters, integristas en grado de ideología o de ejecución, el carnicero de Milwaukee, el maestro aquel de Ucrania, Madoff, Charles Manson, Pol Pot, Stalin, los nazis, los militares serbios. Cómo compararse a eso. El cajón de delincuentes catalanes es un absoluto desastre: además, ya todo el mundo ha hablado demasiado de Félix Millet.

Pero entonces me encuentro dos casos que me llaman la atención. Pues tienen sus similaridades y todo. Si celebramos nuestra fiesta nacional el día de una derrota. Si somos un pueblo obstinado en recordar todo lo mucho que nos da por el saco el primero que llega (luego lo hacen los siguientes, también, hasta que la cola se acaba), en llevar una especie de contabilidad de todas las humillaciones y abusos que se nos ha hecho pasar. Circunstancia que debemos agradecerle a disponer de la clase política más babosa y cagada en los calzoncillos de la historia de la humanidad, particularmente representada por el hecho que nos gobierna una coalición que ni siquiera es capaz de ponerse de acuerdo en unirse definitivamente en más de veinte años. Con esa situación, nada puede representarnos mejor que dos víctimas profesionales.

Enric Marco: el tipo éste, cuyo aspecto frágil y venerable agradecería (insistiré más adelante, por supuesto) que no ablandara el corazón a nadie, se hizo pasar durante varios lustros por prisionero superviviente del campo de concentración y exterminio de Mauthausen. Se inventó una historia de heroicidad y sufrimiento que lo encumbró hasta la presidencia de una asociación de ex-prisioneros, la Amical de Mauthausen. Supongo que, épicamente, incluiría pasajes particularmente lúgubres y sórdidos. Llevó su impostura al límite figurando, en lugar destacado, en toda clase de eventos donde iba de pobre deportado maltratado, resistente a torturas y humillaciones pero ahí, en pie, para decirle a todo el mundo lo que había pasado y de lo que había sido testigo. Por medio, comidas, invitaciones, viajes, celebridad, abrazos emocionados, admiración pública, cariño, empatía, prebendas, sillas preferentes, siéntese aqui que lo que habrá usted pasado, Creu de Sant Jordi, textos elogiosos, fotos con gente emocionada, fírmeme aquí, usted es historia viva de la humanidad, qué fuerza, qué entereza, qué bien se conserva después de tanto sufrimiento, qué ejemplo para todos, hágase una foto con mis nietos, que puedan decir que lo conocieron.
Qué cara más dura.
Sobre el 2005 se descubrió que todo era una patraña, que su presencia en Alemania en 1941 era voluntaria, pues trabajaba en una empresa química alemana, en el marco de un acuerdo de colaboración, iba a decir hispano-alemán, pero no, fue Franco-Hitleriano. Así que, lejos de ser una víctima, el hombrecillo este (el illo no implica cariño, implica desprecio) era prácticamente un colaboracionista. Vaya: no sé cuantos de aquí habéis leído ya Estrella distante (tendré un sueño húmedo en que oiré: "todos"), pero tengámoslo muy claro, sin necesidad de mencionar películas como El hundimiento: todos los asesinos despiadados que acaban envejeciendo a pesar de sus crímenes, llega un día en que nos parecen pobres ancianos indefensos y dignos de compasión. No hay nada más injusto que Pinochet o Franco muriendo de ancianos en camas. Y sus nietos y sus hijos viéndolos con los ojos del cariño y el afecto incuestionable. Pero son sólo, eran sólo, viejos asesinos. El sujeto: asesino. El adjetivo: viejo. Bueno, de acuerdo, éste Enric Marco no era un asesino. Simplemente un aprovechado del sufrimiento ajeno y de la compasión que éste despertaba. Que es una cosa sibilina, y algunos dirán que inofensiva.
Preguntado sobre el motivo que le indujo a engrandecer ese engaño, el hijodeputa (todo seguido) dijo que había llegado a interiorizar ese papel como si realmente hubiese sufrido, y que sentía que estaba siendo de ayuda. Vaya. De lo que es capaz la jeta y la desfachatez humana para justificar los hechos más retorcidos y reprobables. Einstein, apunta. La cara dura tampoco tiene límite.

Tania Head
Giuliani y Bloomberg: alcaldes los dos de NY en la época del 11-S.
En medio, como arropada por celebridades, de blanco, oronda y vivida: Tania Head, de nombre real Alicia Esteve. De familia barcelonesa, hija de industriales venidos a menos, lo cual garantiza residencia inicial en buenos barrios de Barcelona, niñez desahogada, pues industrial venido a menos, en Barcelona, normalmente siempre venía a significar que sus fortunas estaban bien escondidas, a salvo del fisco, y de acreedores legítimos (podría decir decenas de ejemplos, de empresarios embargados y arruinados, que siguen con yates y Mercedes y casas en la Costa Brava con piscinas rebosantes). Tania, a los pocos días del 11-S estaba, la mar de sana,  siguiendo clases de un máster en ESADE. Muy apropiado y casual, justo ese detalle. Pero, igual como aprendizaje de las materias del máster, a ese ciclo formativo que, no lo digo yo, lo dijo una de esas que cursó ese tipo de estudios, convierten el talento en avaricia, como trabajo voluntario, decidió lanzar el bulo de que ella estaba en una de las torres, y que su novio pereció en el atentado.

Si la fas, fes-la grasa. Adaptación ad-hoc: si vas a hacerla, hazla gorda.

Pero esta mujer debía tener un hambre descomunal. De celebridad, digo. Pues no le bastaba ser un nombre más en una lista de personas heridas. No hay que conformarse con tan poco. ESADE forma líderes, no figurantes en listas ordenadas alfabéticamente. Los periódicos de esas fechas no publicaban listas de supervivientes al lado de semblanzas recogidas precipitadamente de sus vidas. Eso lo hacían con las personas fallecidas. Y la mente enferma de esta pájara no podía conformarse con eso. Así que pronto se situó a sí misma en esa torre, en el día del atentado. Trabajando en una gran empresa del mundo financiero. Con ese novio que murió en la otra torre, esa semblanza tan poética de los dos separados por aire y por lapsos de minutos, en medio del tiempo detenido de ese día. Un hombre al cual se había prometido para casarse. Siendo rescatada, por un hombre misterioso que salvó a varias personas. Sufriendo una herida que dejó inútil uno de sus brazos.
Trazada esa realidad alternativa, se enfrascó en la tarea de ser miembro de organizaciones de víctimas del atentado. Nada a medias: pronto pasó a ser la máxima dirigente de una de ellas. De ahí la foto junto a Bloomberg y Giuliani, en la zona cero. Supongo que, como Enric Marco, diría conferencias y glosaría modesta, no sus méritos, sino los de policías y bomberos y tanta gente anónima a la que ella, gustosa, accedía a representar a la salud de la memoria colectiva.
En 2007 fueron descubiertas, una tras una, todas sus mentiras y parece que nada más se supo de ella. Los testimonios posteriores de gente que la conocía la dibujaron (a posteriori, of course) como una persona ambiciosa, manipuladora, fantasiosa, retorcida y mentirosa. Y todo el mundo desmintió todo lo que se atribuyó. El brazo ya estaba lesionado, no había novio ni trabajo en Merryl Lynch.

Punto sin especificar de un hipotético decálogo del mentiroso:
Contra más detalles le das a tu mentira, mayores brechas por donde pueden pillarte.

Otro punto, aún más inespecífico:
Mentir delante de mucha gente sólo lo hacen bien (y cada vez menos) los políticos en campaña electoral.

Y esta es la triste semblanza de dos impostores que nos representan. Ni a delincuentes llegan. Ni con la gracia de hacerlo para estafar espectacularmente a una aseguradora y vivir de una pensión o de una enorme indemnización, o de cobrar un sueldazo de una fundación o de dar conferencias por todo el mundo con billetes de avión en business-class y los gastos pagados (eligiendo pisos bajos en hoteles o habitaciones luminosas, para alejar fantasmas del pasado). Queriendo dar lástima y recibir cariño en proporción a esa lástima.  A la cruel injusticia de haber sido víctimas inocentes de malvados nazis o de crueles islamistas.

Acude a mi mente cierto diálogo en Trainspotting. Cuando, tras llegar a la campiña escocesa ( y antes de decidir, en grupo, regresar a la heroína), Renton, creo, dice que los escoceses son tan patéticos que ni siquiera han sabido encontrar un país decente que los tenga sometidos.
Ni tan siquiera somos sometidos por líderes carismáticos y aplomados. Nos somete, a través de intermediarios, algo como la Merkel, que parece que no haya pegado un polvo en 20 años.
Algo de nuestra esencia está ahí. En tener enemigos directos sólo un poco más grandes que nosotros, como para pajearnos ante la posibilidad de rebelarnos y derrotarlos. En entronizar a Guardiola y tardar tres semanas en llenar su figura de dudas porque su adiós no responde plenamente al guión perfecto. En ser el país de la bravata (título alternativo que consideré hasta el último momento). El que amenaza y amenaza pidiendo  a sotto voce que nada nos ponga en la tesitura de acabar teniendo que mostrar que no íbamos a pasar de la amenaza. Que ni nos planteábamos hacerlo, ya desde el principio. El que cuantifica todo en cifras en vez de aportar el étereo montón del talento inmesurable. El de la mano levantada niño que te doy el cachete pero a la vez pensando y si le doy fuerte y tengo que ir a urgencias o si me denuncia o si rompemos algo.

Planificándolo todo, eso sí. Para que si un día, después de mil intentonas, el pueblo obliga a los políticos a cumplir tanta palabrería, haya marcha atrás. O si nos derrotan, lo hagan en febrero, o en marzo, para poder celebrar una fiesta conmemoratoria en esos días, que entre Reyes y Semana Santa no hay fiestas y se hace eterno.

Una tierra con 1000 oportunidades.

Pero 999 en manos de unos pocos.

diumenge, 20 de maig de 2012

UN SOFA MUY INCOMODO

El sofà taronja (o sea, el sofá naranja) : www.elsofataronja.blogspot.com, es uno de esos blogs que me encontré, o que me encontró, por casualidad o por algún extraño motivo (en todo caso, a agradecer al caos cósmico), en esta especie de submundo que poco a poco y precariamente estamos edificando unos cuantos pirados. La verdad es que debo confesar que no tengo ni idea de quién lo escribe, casi estoy convencido que es mujer, que es más joven que yo, que tiene una formación más creativa que la mía, pues cuida más aspectos estéticos que este desastroso blogger pseudodaltónico. Poca cosa más; para qué. Nos leemos mutuamente y eso es suficiente. Incluso se ha aventurado en alter egos descontrolados que poseo. Ja. Si somos vecinos y nos cruzamos cada día por la calle, o vive a 200 kilómetros de mí y jamás conseguiremos que la misma nube llueva a la vez sobre nosotros (qué bonita pero cursi frase, verdad?), ni idea. Si ha habido un momento de conjunción estelar y hemos leído a la vez el mismo libro u oído el mismo disco, ni idea. Pero igual no hace falta. Peor lo tengo con mis amigos del cono sur.

El caso es que publicó un post que me encantó (como muchos otros, pero vamos a quedar bien; este tenía ese punto de rabia que dio en el centro de la diana), y le pedí traducirlo y colgarlo, mencionándola y pidiendo a todo el mundo que lo lea para apreciar en qué punto exacto está mucha gente en este tembloroso sur de Europa.

El original, en catalán, para que veáis que no es tan difícil de entender, está en :

http://elsofataronja.blogspot.com.es/2012/05/carta-algu.html

Y mi intento de traducir sin perder la esencia, y con miles de perdones solicitados si algo se ha caído por el camino.

CARTA A ALGUIEN

"Estimadas / os, abuelos centenarios con pensiones ridículas, padres y madres con problemas y pesadillas para llegar a fin de mes, currantes y estudiantes sin ningún tipo de futuro con currículos que dan miedo llenos de másters, postgrados e idiomas y cursos de macramé, adolescentes con las hormonas alteradas que no entendéis nada de lo que pasa a vuestro alrededor, pequeñas y medianas personitas a los que de momento no os roban las risas las noticias pero que también os llegará vuestro san Martín! Tengo que deciros una cosa por que si no reviento. He entrado en un estado de tensión arterial que está a un paso de la catástrofe y el cataclismo, que está en medio de un tsunami y un terremoto, por mis venas viajan arriba y abajo tantas desgracias e injusticias que si me las cortara no podría salir la sangre contenida y asustada entre mis gritos, sólo saldría una por una la barbarie de esta pesadilla de país, lleno de ineptos e indignos, banqueros, políticos, sindicatos, recortes, usurpadores, ladrones, especuladores, futbolistas, urdangarines, elefantes, aeropuertos, eclesiásticos, trenes de alta velocidad, inmobiliarias, hipotecas, peajes, bankias, las comunidades autónomas, el senado, las diputaciones, abertis, trajes en valencia, tramas, toros, jueces, Felipes Puig, antidisturbios, ayuntamientos , incendios, en definitiva ... este país apesta, Europa apesta, y esa mierda tan grande apesta, por lo tanto sólo puedo hacer una cosa. Os declaro la guerra. La tercera guerra mundial, la fría, la intifada, la noche de los cuchillos largos, mi revolución francesa. Y quiero vuestros jefes colgados de la torre más alta de esta sucia ciudad. Hermanas y hermanos iros en guerra."


Los sombreros y gorras, al perchero.

MÖBIUS, OHIO

No se ha podido dar cuenta, porque deben ser las cinco de la mañana o así, y aún está oscuro. Y yo no he hecho ningún ruido, ningún movimiento. Primero, porque no creo que, en mi estado, pueda usar ni un músculo de mi cuerpo. Segundo, porque si algo he aprendido rápidamente, nada más entreabrir los ojos, es que no debo demostrar que aún estoy vivo.
Pero el primer chorro de su orina, el que ha caído justo sobre la herida que tengo al lado del ojo derecho, hacia la sien (los médicos lo llaman abrasiones), me ha hecho despertar.  Por la sensación del impacto del líquido, y por el escozor de lo salado contra mi herida abierta. Y ahora, quieto, pienso si esas gotas calientes que resbalan por mi cara son de orina, o de sangre, o de ambas cosas mezclándose. Lo pienso sin un ápice de asco. Porque todas las sensaciones, por repugnantes que sean, quedan en segundo plano frente al instinto de supervivencia.

Él vuelve al coche. Arranca el motor, y se dirige al fondo del callejón, donde un ensanchamiento, que hace las veces de patio de la casa que hay al final, le permite maniobrar, para cambiar el sentido de la marcha. Cuando vuelve a pasar, la orina ya ha tenido tiempo de formar un pequeño charco frente a mí. La rueda delantera izquierda del vehículo da justo en él, y el líquido, que ya ha empezado a enfriarse y a mezclarse con arena, salpica en mi cara. Pero él frena cuando su ventanilla está a mi altura en el suelo. Y me escupe.

Pasa un rato. Aunque percibo algo de luz, aún estoy mejor con los ojos cerrados y en silencio. Oigo mi corazón, aunque no noto una palpitación: es algo así como un zumbido, con una ligera secuencia algo más grave, que suena por debajo. Oigo también mis tripas que, supongo, claman por algo sólido que acompañe a tanto alcohol. Porque también voy recordando detalles, muy poco a poco, de lo de anoche.

Empleo mis pocas fuerzas en reconstruir la secuencia de los hechos que me han llevado a estar tirado ahí, cuando oigo pasos. Con la cabeza en la tierra, debo ser como los indios que oían el suelo en las películas. Los pasos llegan a mi altura. Debe haber ya bastante luz para ver, pues los pies que los dan han evitado pisar el charco y volver a mojarme la cara.
Son dos, y me están palpando la ropa. Todo me duele, pero soy un puto muñeco de goma que se mueve dolorido y maltrecho, sin posibilidad de queja alguna, con la capacidad justa para decidir que tampoco quejarse es muy conveniente ahora.
Han sacado cosas de mis bolsillos. No voy a abrir los ojos. No voy a echar nada de menos. Estoy sobreviviendo por un hilo, y el dinero que lleve en la cartera, o el teléfono móvil, no van a ayudarme a sostenerlo.

Se van. Espera. No. Los putos pasos vuelven, y se aceleran. Noto aire, lo noto una centésima de segundo, una milésima quizás, una jodida foto-finish entre ese aire que me alcanza y una patada, que me alcanza también, en algún lugar indetectable del dolor. Porque es ésto lo que ahora soy: un dolor en forma de persona, en forma de fardo inerte tirado en media calle mal asfaltada, de un pequeño pueblo de mierda, en medio de la nada. Los dos: el pueblo y yo, haciéndonos mutua compañía en el medio de la nada. Dicen que la espalda tiene pocos puntos sensoriales. Cuántos tendrá mi torso. Ha sido el hígado, o el estómago, o los intestinos. No lo sé. Dolía todo, antes, y parecía no poder llegar a doler más. Pero no: sí podía. Einstein: añádelo a la lista, junto al universo y la estupidez humana.

Se han ido ya, ahora sí.

Debo haberme dormido, pero no creo que haya sido mucho rato. Es mi impresión, en todo caso. No soy capaz ni de alcanzar a ver como se desplazan las sombras de los edificios para aventurar la posición del sol. Lo que tuviera en la cara parece haberse secado. Pero ya llevamos días con un calor de mil demonios. Ese calor y ese desespero nos hace beber. Sí, igual va a ser eso.

Cuando un tipo me arrastra hasta cargarme en la parte trasera de la camioneta, estoy a punto de abrir los ojos para intentar ver su cara. No lo he hecho, igual que no lo hice hace un rato, cuando un par de niños  detuvieron sus bicicletas a mi lado, y siguieron tan tranquilos, con sus risas y su  juego y su conversación.

Algunos días llevo ya, en esta cama que no es la mía, vestido con ropa que no es la mía; y he oído dos conversaciones:

Una

-Mamá: papá está de vuelta por unos días, a ver si estás más calmada.
-¿Qué le ha pasado en la cara?
- Ha tenido un accidente en la mina. Pero se curará.

La otra, más corta aún, parece que por teléfono

-No sé lo que pasará cuando se despierte, pero al menos estaré unos días más tranquilo. Después, ya veré.

Ya es de noche ahora. Sigo sin abrir demasiado los ojos, pero me han dado de comer varias veces.  Ella llega, y se acuesta a mi lado. Vuelvo a notar su mano fría y temblorosa en mi entrepierna.

dissabte, 19 de maig de 2012

BASURA BLANCA

Títulos alternativos (por eso están en mayúscula), al que finalmente le he puesto a este post, y que han dado vueltas en mi cabeza (como el cóndor en el post de Germán; todo el mundo debería oír eso) hasta que el definitivo ha caído a plomo, como tirado al contenedor por los clásicos vecinos cachoperros que no soportan que nadie les vea por la escalera en pantuflas y batas de guatiné:

SIMPLEMENTE DI NO
FIRME PATADA AL HIGADO
LOS MALOS OLORES
CONSEJOS PARA EL TIEMPO LIBRE

Y de todo esto tiene la culpa, para variar, un libro: Knockemstiff, de Donald Ray Pollock. 

Seamos ordenados.

El autor: un tipo en los cincuenta largos, que incluye en su dedicatoria de este, su primer libro, publicado hace unos dos años, a sus nietos. Que ha trabajado 32 años (desde los 17 a los 49) en la fábrica de papel que menciona en varias ocasiones. Que se ha licenciado por la Universidad en el 2009.

El traductor: importante su papel. Porque Javier Calvo también es escritor, en una onda contemporánea como Ray Pollock, y lo hace fenomenal. No traduce el texto como algunos, con el piloto automático. Comprende al autor y a los personajes y el tono de los relatos. Como un buen árbitro que no influye en el resultado, pero al que los entrenadores acaban elogiando.

El prologuista: Kiko Amat, otro escritor más en longitudes de onda parecidas. Que diría que se alarga algo; como esos programas introductorios a una gran película, como el exceso de publicidad. Ya hace rato que estamos salivando, Kiko, déjanos ya ver el programa principal.

El libro: Knockemstiff es una colección de relatos sobre andanzas de los personajes que viven (se podría decir más adecuadamente, pululan, o vagan) en el pueblo que le da nombre, rincón olvidado del estado de Ohio. Un nombre que viene a significar "golpéalos hasta dejarlos tiesos". Los personajes y los hechos, dice Pollock, son ficticios. Menos mal, eso esperamos. Porque el primer cuento te tumba en el suelo y el segundo empieza a molerte a patadas de las que ya no te vas a levantar. Relatos unidos por una especie de línea común, con personajes coincidentes que se van situando en los relatos como principales o secundarios. Algunos de ellos premonitorios de desgracias que se corroboran en otros. ¿Qué hacen los personajes del pueblo, y por tanto, de los relatos?. La mayoría de ellos, malvivir. A causa, básicamente del aburrimiento y de la absoluta falta de perspectivas. Casi todos coinciden en querer salir de allí o, si lo han conseguido, no volver jamás. El caldo de cultivo del aburrimiento les lleva, fundamentalmente, a usar las más variadas sustancias para sobrellevar días y noches: medicamentos, los que sea, sustancias inhalables, alcohol, tabaco. Consumidas casi todas ellas al límite: se trata de sostenerse en el limbo del cuelgue (el being high) el máximo tiempo posible, porque en el suelo, esto es lo que les espera: porquería, por todos lados, moho, polvo, comida pasada de fecha, más alcohol de baja calidad, relaciones sentimentales y familiares enfermizas. Enfermedad, también. Calor y sudor a raudales, cuando no, frío inmisericorde. Caravanas desvencijadas, agujereadas, donde nada funciona salvo para volver a estropearse a continuación. Polvo, otra vez, sí, en forma de capas sobre las cosas, en forma de bolas por el suelo, o en los rincones de bolsos y bolsillos. Armas, esas sí, siempre bien engrasadas para ejercer sus funciones. Coches antiguos con problemas mecánicos, pero que van funcionando. Polvo, pero del otro, el que se echa también por aburrimiento.
Me acuerdo de la estética palurda de My name's Earl, pero aquí no hay mujeres apetitosas, ni rastro de buen corazón por ningún lado. Hay envidia a raudales; si alguien tiene algo que le ayuda a evadirse, quiero lo mismo, y si no lo encuentro, te lo robaré. Si eres un niño, un abuelo, una mujer débil y enferma un desgraciado que necesita eso para vivir, cuando yo lo quiero para pasar las siguientes dos horas: tu problema, chico. Ya veremos a lo que quieres exponerte si no quieres dármelo. Cualquier cosa. Menos un libro, por supuesto. Aquí han llegado las armas y las drogas pero no los libros. Eso es para los pijos como aquella pareja de California que no te dejan tranquilo hasta que te hacen la foto. Bastante que se han ido enteros.
Me acuerdo, claro, de los relatos de Carver, (de algunos de Irvine Welsh, también) y de los muy recientes en mi memoria, los del libro de Wells Tower, aunque este libro de hoy es muy superior. Porque al final puedes llamar a Knockemstiff colección de relatos o puedes llamarle novela con capítulos que tienen nombres en vez de números.En el fondo es irrelevante: una vez lo has leído, extasiado y algo incómodo (pues los dos últimos relatos son extraordinarios), te sientes feliz de no haber pisado en la vida un sitio así, más que gracias a la magia de la lectura.

divendres, 18 de maig de 2012

SHELDON HOLMES

Desde aquí he reverenciado en repetidas ocasiones el toque distintivo de las series británicas. Su hecho diferencial. O, bueno, el de la ficción británica televisiva, la pública y la privada, dados los extraños y maleables formatos en que se encapsula y se nos presenta. He alabado su concisión, su escasa rendición a la frivolidad estética, su indeleble marca de agua (esos grises azulados, la factura técnica sin acudir al despilfarro efectista, esa sobriedad visual, el buen nivel actoral). 
Todo cuadraba con Sherlock. Serie de dos temporadas hasta la fecha, con tres extensos capítulos (hora y media cada uno) por temporada. Precedida de elogios, si no tan encendidos, sí unánimes, y en medios a los que acudo habitualmente a tomar referencias. Elogios que remarcaban la efectividad en la transposición de las tramas al momento actual, el encaje de esos personajes ya añejos al hipertecnológico mundo actual.
Entonces algo debe explicar que me durmiera en medio del segundo, y prácticamente al principio del tercer capítulo. Algo extraño sobre lo que hipotetizaré, descartada causa fisiológica de mi naturaleza y responsabilidad. Pues visionadas a las mismas horas, series como The Shadow Line o -horrorízate, 6Q, y otros- la segunda temporada de la inexplicable Alaska y Mario no se han acercado ni de lejos a la modorra experimentada con Sherlock. Insisto, al inicio del tercer capítulo. Así que no es que un capítulo (su duración es prácticamente la de películas de las de Coca Cola de litro y palomitas) se alargue y se complique. A los diez minutos, dormido como un niño, para despertarme sobresaltado en algún momento, y volver a caer luego. Hasta que comprendes que te has perdido algo y lo dejas correr.
Puede que sea que el personaje de Sherlock me parece absurdamente reminiscente del de Sheldon Cooper en The Big bang theory: ambiguo, relamido, con dimensiones fisicas y psíquicas desproporcionadas, pagado de sí mismo . Pero Sheldon estaba primero: por cinco temporadas y unos cien capítulos. E, importante, consciente de que su destino es generar estupefacción y risas. Porque The Big bang theory es una comedia que es banal pero acaba calando, sin que llegues a saber por qué, y Sherlock pretende ser una especie de modernización del mito y acaba siendo un pastiche.
De hecho, cuando me despertaba entre sueños en el segundo capítulo me parecía estar viendo Tintín la de Spielberg, pues si algo no se le puede negar a Sherlock es que su puesta en escena, sus historias autoconclusivas, su música, son casi cinematográficas. Eso es lo que deberían haber hecho, agotado el filón de Harry Potter, a causa de actores que dejan de ser niños. Enfocarla abiertamente al público infantil y hacer de Sherlock una especie de nueva saga: elegir otros actores (el que hace de Dr. Watson, que había aparecido en la edición inglesa de The Office parece irse a dormir en cada escena: plano como el encefalograma de Rodrigo Rato), enredar a algún estudio de las majors, hacer muñequitos para regalar con los Happy meal del McDonalds, encargar un videojuego, juegos de mesa, disfraces para Carnaval, reeditar las obras de Conan Doyle en ediciones completadas con fotogramas de la película, crear una web para que seguidores clásicos y seguidores de nuevo cuño del personaje discutieran en foros sobre las semejanzas y las discrepancias, con un subforo particularmente arisco entre detractores y partidarios de que la ligera escora gay del personaje literario  quedara ya prácticamente reducida a una orgullosa proclama, nada más llevar cinco minutos de serie. Todo eso: más repercusión y más dinero. No estas medias tintas que no van a ningún lado.
Lo cual es irrelevante, en el fondo. Si Sherlock defrauda mi expectativa no es porque yo no haya sido un particular seguidor de sus aventuras en libro, ni del género policíaco en general. Quizás es porque ese personaje, como los de algunas películas antiguas, las de John Wayne o James Stewart, está asociado a un tiempo, a un hábitat cultural en el que se movía como pez en el agua. Adaptado a GPS, a smartphones, a bases de datos universales donde uno puede saber en cinco minutos si el fabricante en Pakistán de cierta resina plástica, que compone el forro del traje de cierto sospechoso, atraviesa problemas financieros, y si distribuye sus productos en la comarca del Baix Llobregat, este Sherlock, y quizás todos los Sherlock posibles de este mundo, sólo acaba pareciendo un enteradillo al que le arrearías dos collejas.
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