dilluns, 12 de desembre del 2011

DECID LA VERDAD A LOS NIÑOS

Pues me he quedado con las ganas de calentar el partido del sábado para, a posteriori, alzar los brazos mesiánicamente. Todos sabréis que no podía desear ni pronosticar (conozco gente que pronostica lo que no desea) otra cosa que un triunfo del Barça. Pero ni mis sueños más fantasiosos son capaces de predecir desenlaces más fascinantes y espectaculares que los que está produciendo la realidad. Todo es tan idíllico que uno acaba dándole la vuelta al contador y termina preguntándose si tal cúmulo de unanimidad no acaba por imponerse en exceso y empieza a generar algún tipo de rechazo entre los más propicios al esnobismo. Pensamiento que descarto rápidamente. No tengo porque amargarme a mí mismo este disfrute, por mucho que se prolongue, nunca se prolongará por tanto tiempo como aquellas décadas (74 al 84, por ejemplo), donde lo único que nos esperaba a los barcelonistas era el pobre consuelo de alguna victoria aislada de tanto en tanto.
Y si me quedé sin hablar de ello fue por unos afortunados días de relax, tan reales que ni siquiera me atribulaba el arrepentimiento de no escribir, esa sensación de culpa que a veces me altera los sábados o los domingos. Ni eso. Lo cual no significa que renuncie a ello. Simplemente encontré un placebo que mitigaba la angustia, no había motivo para renunciar a él, y, libre como soy, descansé.

Ya de vuelta, y evitando caer en el ventajismo del ya lo hubiese dicho, observo el follón que se monta en Inglaterra entre los socios de gobierno por las decisiones sobre Europa. No quieren aislarse. Pero no son ya una isla ??. Aún debiéndoles la gran mayoría de mis grandes iconos de la música (lista interminable, pero que en mi caso no empieza con los Beatles), los ingleses, con su sistema de clases y sus extrañas formas de ser, no son un colectivo que acabe de resultarme demasiado simpático. Se me pasó lo del humor inglés y la fascinación por la BBC, y no soy lo bastante alto para llevar chaquetas tan cortas. Todo el mundo se siente bien solo (incluso Adán) hasta que se da cuenta de que necesita compañía. La peculiar situación de Inglaterra (aferrados a su moneda) en Europa me recuerda el constante interrogatorio de mis hijos sobre el lugar en el que hemos estado. Por qué hablan en catalán y no usan la bandera catalana, por qué su nombre es de origen euskaldún, por qué dejan fumar en los bares, por qué están ahí en medio, ni Francia ni España, por qué es tan pequeño. Yo ya no puedo mentirles y decirles alguna de mis absurdas teorías (como que los catalanes queremos tener nuestra propia Suiza bien cerquita, o un lugar donde escondernos si las cosas se complican), por lo que tendré que mirar qué pone en la red, y decirles la verdad. Una verdad que no duele, como pasa con algunas.


1 comentari:

  1. Bon, acabo de hacerle un comentario al 6Q y lo he conseguido ¡EURECA! hacia meses que no podía...voy a intentarlo contigo
    Es cierto que como el blog mío, tiene un comportamiento diferente, y no tengo mucho que contar, lo he dejado stand by...pero paseo por el tuyo, eres incansable...no pares

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